Umberta Telfener: la última gran sistémica
Por: Mtro. Juan Antonio Zorrilla
Hablar de Umberta Telfener implica situarse en uno de los momentos más sofisticados y complejos del desarrollo de la terapia sistémica contemporánea. Su pensamiento no solo continúa la tradición del grupo de Milán, sino que lo ensancha desde diferentes mapas epistemológicos, donde el observador, el lenguaje y la incertidumbre ocupan un lugar central. En este sentido, Telfener puede ser comprendida como una de las úúltimas grandes exponentes de una sistémica que ha dejado de buscar verdades estructurales para orientarse hacia una mirada relacional.
Formada en el contexto del grupo de Milán influenciada por figuras como Mara Selvini Palazzoli, Luigi Boscolo y Gianfranco Cecchin, hereda una tradición caracterizada por el uso de la hipótesis, la circularidad, la neutralidad y la irreverencia. Sin embargo, Umberta no repite estos principios, sino que estira la liga hasta sus límites. La neutralidad, por ejemplo, deja de ser una postura técnica para convertirse en una posición ética compleja donde no se trata de no tomar partido, sino de reconocer que toda intervención está inevitablemente implicada en el sistema que observa.
Uno de los giros más importantes en la obra de Telfener es su profunda integración del pensamiento de segundo orden. Influenciada por autores como Heinz Von Foerster y Humberto Maturana, plantea que el observador no puede situarse fuera del sistema, sino que forma parte activa de la red de interacciones que describe. Este desplazamiento epistemológico transforma radicalmente la práctica clínica: el terapeuta ya no es un estratega externo que interviene sobre un sistema, sino un participante que co-construye realidades junto con los consultantes.
Desde esta perspectiva, la noción de “problema” también se redefine. En lugar de concebirlo como una entidad objetiva o disfuncional, Telfener lo entiende como un producto narrativo emergente en la interacción. Así, la tarea terapéutica no consiste en corregir una desviación, sino en abrir posibilidades de significado que permitan nuevas formas de relación. Este enfoque la acerca a corrientes posmodernas, construccionistas y complejas, pero sin perder la rigurosidad sistémica que caracteriza su formación.
Otro elemento distintivo de su pensamiento es lo central de la incertidumbre. A diferencia de los primeros modelos que privilegiaban la formulación de hipótesis de primer orden, Telfener propone habitar la duda como condición fundamental del trabajo terapéutico. La incertidumbre no es vista como un déficit, sino como un espacio generativo desde el cual pueden emerger nuevas configuraciones. En este sentido, su postura dialoga con las críticas contemporáneas al “mito del control” en la intervención clínica, cuestionando la ilusión de que el terapeuta pueda dirigir de manera lineal el cambio.
Asimismo, su trabajo introduce una sensibilidad particular hacia la estética de la relación terapéutica. Más allá de las técnicas específicas, Telfener enfatiza la importancia del tono, la presencia y la calidad del encuentro. La terapia se convierte entonces en un espacio performativo donde lo que transforma no es únicamente lo que se dice, sino cómo se construye la relación en el aquí y ahora. Esta dimensión estética conecta con desarrollos posteriores en la terapia sistémica que privilegian la experiencia sobre la técnica.
En el contexto de la sistémica posmilán, Telfener representa una figura de transición y, al mismo tiempo, de culminación. Su obra sintetiza las tensiones entre estructura y proceso, entre estrategia y co-construcción, entre conocimiento y no-saber. Si el grupo de Milán inauguró una forma de pensar la terapia como intervención estratégica en sistemas familiares, Telfener lleva esa tradición hacia un terreno donde la intervención se vuelve inseparable de la participación.
Llamarla “la última gran sistémica” no implica cerrar una historia, sino reconocer en su pensamiento un punto de inflexión. Su trabajo señala el paso de una sistémica centrada en el diagnóstico y la intervención hacia una sistémica orientada a la reflexividad, la ética y la complejidad. En un mundo marcado por la incertidumbre, la fragmentación y la multiplicidad de discursos, la propuesta de Telfener ofrece una brújula distinta: no la del control, sino la de la responsabilidad relacional.
Umberta Telfener, la última gran sistémica encara una forma de hacer terapia que asume plenamente las implicaciones epistemológicas del pensamiento sistémico. Su legado no reside únicamente en sus aportes teóricos, sino en una actitud clínica que privilegia la apertura, la duda y la co-creación. En tiempos donde la psicoterapia corre el riesgo de volverse protocolaria, su voz recuerda que la esencia del trabajo terapéutico sigue siendo profundamente humana, relacional e incierta.
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