LA NUEVA VIOLENCIA FILIO-PARENTAL
Por: Roberto Pereira*
La violencia en el ámbito familiar, también conocida como violencia intrafamiliar o doméstica, ha existido desde que la sociedad se organiza en grupos familiares. Las formas que más atención han suscitado han sido, por orden de emergencia social, el maltrato infantil, la violencia de pareja y, sólo recientemente, la de hijos a padres, Violencia Filio-Parental (VFP), que ha crecido de manera exponencial en los últimos años.
Esto no significa que anteriormente no existiera; sin embargo, emerge ante la opinión pública como si se tratase de un fenómeno nuevo, y tanto los profesionales como la sociedad en general comienzan a prestar atención a un problema que en el pasado se concebía como uno más de los que acompañaban a patologías graves. Este no es un proceso extraño: lo mismo ocurrió con otros tipos de violencia intrafamiliar. Tanto el maltrato infantil como el conyugal son situaciones ancladas, desde hace muchos años, en el seno de la familia. Sólo su definición como inaceptables y dañinos, modificó la visión fragmentada que se tenía sobre ellos, favoreciendo la emergencia social de un problema oculto. De la misma manera, la VFP permanecía encubierta como uno más de los conflictos que presentaba una familia con otras disfuncionalidades.
Pero otro factor ha sido decisivo para esta “aparición repentina”: la de un “nuevo” perfil de violencia, localizada en familias aparentemente “normalizadas”, ejercida por hijos que no presentaban previamente problemas, y que son los responsables de este espectacular incremento de las denuncias judiciales, y de las consultas en las agencias especializadas en el tratamiento de menores, adolescentes y familias.
Este tipo de nueva VFP, en la que la violencia es el núcleo del problema, es la responsable del incremento exponencial de las denuncias judiciales, o de las peticiones de consulta en los servicios socio-sanitarios a lo largo de los últimos años, no sólo en España –donde el problema tiene una mayor visibilidad- sino en todos los países que comparten una serie de valores que podemos englobar bajo el término “cultura occidental”.
¿Qué es lo que está produciendo este espectacular incremento de la VFP en tantos países? No es posible asociarlo con causas exclusivamente individuales. No podemos hablar de origen genético, dada la extensión y el espectacular incremento del fenómeno, ni estamos hablando de comportamientos psico o sociopáticos extendidos, dado que la violencia con frecuencia se produce únicamente en el interior del hogar.
Más bien la extensión del problema nos hace pensar en cambios socio-culturales que afectan a la manera de entender el mundo, y especialmente las relaciones familiares. Cambios en la familia, en su composición, estructura, ciclo vital y en el tipo de relación establecido entre padres e hijos. Cambios sociales en una sociedad “postmoderna”, en la que las fronteras entre lo público y lo privado se hacen cada vez más difusas, y que afectan inevitablemente a la organización “doméstica”, implicando un debilitamiento de la autoridad de los progenitores en familias cada vez más “horizontales” en términos de organización, en una sociedad hedonista que busca la satisfacción de los deseos a corto plazo, y donde el “trabajo” de educar, cuyos resultados sólo se ven a varios años vista se vive como una tarea “pesada”, poco gratificante, que exige un esfuerzo excesivo, y que supone una limitación del desarrollo personal.
* Presidente de Honor de la Sociedad Española para el estudio de la VFP
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