La adicción entra como una intrusa… y se apropia del hogar, de todo
Por Maestro y terapeuta Eulalio López García
Hay mentiras que las familias aprenden a creer como si fueran verdad: En adicciones, ¨El problema es de él, o de ella, es quien bebe, es quien consume, nosotros no.¨
Efectivamente, la persona que consume es quien tiene la adicción, pero no hay que olvidar que la persona es miembro de la familia, el problema del consumo produce efectos en todos los integrantes.
Algunos dejan de dormir, están preocupados, otros se hacen hábiles en detectar cuando hay consumo, cambian los estados de ánimo. Alguien revisa el teléfono, las publicaciones. Alguien esconde el dinero, se inventan justificaciones. Alguien dice, ¨Aquí no es vida.¨
La adicción tiene a la persona consumidora como el actor principal, al mismo tiempo puede convertirse en el tema o problema alrededor del cual todos están afectados. Esto es lo que no se ve con claridad, sin embargo todos lo viven, la familia intenta controlar y evitarlo, pero es casi imposible detener la adicción y frenar o parar el consumo. Intentan casi todo.
¿Dónde?, ¿Con quién estabas?, ¿Cuándo tomaste?, ¿Cuánto te gastaste? Prométeme que no volverás a hacerlo. Nada funciona. Comienza la desesperación y la desesperanza. Llega la culpa. El enojo aparece. La pregunta dolorosa surge, ¿En qué fallamos?
La familia no causa en forma directa la adiccion, tampoco puede curarla, La familia vive y sufre la dolorosa situación y la enfermedad.
La familia puede aprender a ser parte de la solución y la sanación, poner límites, dejar de encubrir, no justificar, buscar ayuda, aceptar apoyos, proteger a los demás miembros.
La familia debe conservar el amor a la persona con adicción, sin permitir que las conductas y problemas destruyan la vida de todos o de algunos.
Mientras la enfermedad está presente, hay daños, la vida queda suspendida, todos están atrapados, el dolor y sufrimiento afecta en diferente medida y forma a cada persona. Enojo, dolor, discusiones, conflictos, distanciamientos, huidas. Ocurre casi todo. Hay que encontrar las soluciones.
La recuperación no es dejar de amar, es aprender a poner límites entre el amor y la responsabilidad. La persona con adicción debe saber hacerse responsable de su enfermedad y de su proceso, la familia debe aprender también, para asumir y ser responsable de sus propios errores y aciertos. Existen afortunadamente procesos de ayuda y apoyo para las familias y los consumidores de drogas y/o alcohol. Hay que buscarlos y encontrarlos.
¿Se puede ayudar y salvar a una persona con adicciones?
La respuesta es sí, por delante hay mucho trabajo, esfuerzo personal y familiar, existe la necesidad de conocer muchas cosas más, hacer grandes cambios.
Si tienes problemas con las adicciones o en la familia existe alguien con esta terrible situación, es tiempo de buscar ayuda y apoyos, siempre hay que intentarlo. Nunca dejes de amarle, nunca dejes de amarte.
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