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	<title>Tendencias e investigación Archivos - INSTITUTO CRISOL</title>
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	<description>Centro de Posgrado en Terapia Familiar</description>
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	<title>Tendencias e investigación Archivos - INSTITUTO CRISOL</title>
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		<title>El consultorio como espejo del mundo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 May 2026 23:42:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencias e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
		<category><![CDATA[Reflexión]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace poco una consultante me dijo algo que no he podido soltar: sentía que había dejado de existir fuera del trabajo. Ya no se reconocía como estudiante, hija o pareja; solo como alguien que tenía que hacer todo lo posible por sostenerse, sobrevivir económicamente y no quedarse atrás ante un mundo que pareciera no detenerse [&#8230;]</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2467e76c45c66f8fa874a27f3e870ac2 wp-block-paragraph">Hace poco una consultante me dijo algo que no he podido soltar: sentía que había dejado de existir fuera del trabajo. Ya no se reconocía como estudiante, hija o pareja; solo como alguien que tenía que hacer todo lo posible por sostenerse, sobrevivir económicamente y no quedarse atrás ante un mundo que pareciera no detenerse nunca.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f5e71dfbff90550479d62666516d20f6 wp-block-paragraph">Desde entonces, no he podido dejar de pensar en cómo el consultorio se ha convertido también en un reflejo del momento histórico que vivimos.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df4b3ba28d6256adc61c928409d0b690 wp-block-paragraph">Hay algo que quienes trabajamos acompañando historias humanas aprendemos pronto: el consultorio no está fuera del mundo, está hecho de él. En los últimos años, lo que llega a sesión parece haberse complejizado. No porque el sufrimiento humano sea nuevo (nunca lo fue) sino por la cantidad de factores que hoy atraviesan al mismo tiempo. Personas que trabajan en espacios donde la violencia laboral es parte de la cotidianidad y otras migrando con el deseo de encontrar mejores oportunidades y habitando ciudades que no terminan de recibirlas. Mujeres sosteniendo silenciosamente múltiples formas de violencia mientras el entorno les exige seguir funcionando como si nada ocurriera.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cece7910f20c1b00c4154ddcaf5610fe wp-block-paragraph">Esta reflexión nace de ahí. No solo de la teoría, sino del asombro ante todo lo que hoy visita el consultorio y de la pregunta que inevitablemente aparece: ¿Qué se nos está pidiendo como psicólogas y psicólogos en este momento histórico?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-625977de745bfd2a564b661c246591d0 wp-block-paragraph">Thomas Szasz, en El mito de la psicoterapia (1978), plantea una idea provocadora: que psicólogos y psiquiatras comparten cierta función histórica con fi guras como sacerdotes o chamanes, en tanto ocupan un lugar al que las personas acuden buscando alivio, orientación o sentido. y aunque no coincido del todo con su postura, hay algo incómodo en ella que me parece vigente: el riesgo de colocar al terapeuta en una posición donde pareciera que debería saber cómo vivir, como resolver o cómo sostenerlo todo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9de4e2850e3642269402a4776499d7ae wp-block-paragraph">Sin embargo, sostenernos en ese lugar de omnipresencia y omnipotencia termina siendo peligro tanto para quienes consultan como para quienes acompañamos. No solo porque es imposible, sino porque invisibiliza algo fundamental: quienes ejercemos este oficio también habitamos el mismo contexto histórico que atraviesa a las personas que llegan a consulta.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c7bc2168ee445090068de51d3ed9dab9 wp-block-paragraph">Y quizá una de las mayores tensiones del ejercicio clínico actual está ahí: mientras más nos preparamos, más evidente se vuelve todo aquello que excede nuestras posibilidades individuales. El malestar que llega al consultorio no nace únicamente de la historia personal; también está atravesado por precariedad, violencia, desigualdad, aislamiento, hiperproductividad y exigencias sociales cada vez más difíciles de sostener.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-109bd9ded5a04a2c00ec0c26ed986a08 wp-block-paragraph">Esto implica reconocer que el bienestar no puede entenderse únicamente como una tarea individual, sino aquella que también se construye en la calidad de los vínculos, en las redes disponibles y en las condiciones materiales que permiten sostener la vida. </p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-685d056cc1732b7c2e652e53b574d359 wp-block-paragraph">Desde ahí, el papel del psicólogo requiere una reorientación, no como el custodio central de la salud mental ajena, sino como alguien que contribuye a construir redes de apoyo, espacios de escucha y vínculos que no dependan únicamente de una sola persona para existir. Porque cuando toda la responsabilidad de sostener recae sobre un único vínculo (la pareja, el terapeuta, la familia o incluso uno mismo) el sistema inevitablemente se fragiliza.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2e39e8da7ddddb398828b4f16201bf89 wp-block-paragraph">A veces pareciera que quienes acompañamos tendríamos que saber sostenerlo todo solos. Sin embargo, la práctica clínica también puede convertirse en un espacio profundamente solitario. Escuchar constantemente historias atravesadas por violencia, abandono, duelo o desesperanza inevitablemente nos impacta, y en un contexto donde los casos se vuelven cada vez más complejos, construir comunidad entre colegas deja de ser algo accesorio para convertirse en una necesidad ética y emocional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8e5f7466aadf6a107380fd2a13f246da wp-block-paragraph">Tal vez ahí radica una dimensión política de nuestro trabajo, el reconocer los límites propios y comprender que muchas transformaciones necesitan ocurrir también fuera del consultorio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-df6d3edc9ab3c3d2a536aac289a851e3 wp-block-paragraph">No por que eso resuelva por completo las estructuras de fondo, sino porque modifi ca la manera en que las personas pueden habitarlas. Y quizá, en un contexto social que constantemente empuja hacia el cansancio, el aislamiento y la desesperanza, seguir apostando por el vínculo, la comunidad y la posibilidad de construir algo distinto también sea una forma de resistencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ff2a2c16a8389ea5072780213b05e4a4 wp-block-paragraph">Celebrar el Día del Psicólogo, entonces, quizá no implica reconocer una figura heroica o alguien que cuenta con todas las respuestas. Tal vez implica algo mucho más humano: reconocer a quienes, aún habitando este mismo mundo imperfecto, eligen seguir acompañando el dolor de otros desde la escucha, la honestidad y el vínculo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-08154b54cdb9056f9bf762fee2e65f5f wp-block-paragraph">Artículo elaborado por: Ximena Ochoa Villalobos</p>
</blockquote>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><br><strong>Referencias:</strong><br>● Szasz, T. (1978). El mito de la psicoterapia. Fontamara</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Maternidades reales: una mirada sistémica más allá de la idealización</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 May 2026 23:36:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencias e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Maternidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hablar del Día de las Madres implica mucho más que hablar de celebración. En la cultura mexicana, la figura materna ocupa un lugar profundamente simbólico: suele verse como el sostén emocional, moral y afectivo de la familia. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar a las mujeres detrás de esa idealización. Desde una mirada [&#8230;]</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-78e2756eb95606d4096b8f385eb89bf6 wp-block-paragraph">Hablar del Día de las Madres implica mucho más que hablar de celebración. En la cultura mexicana, la figura materna ocupa un lugar profundamente simbólico: suele verse como el sostén emocional, moral y afectivo de la familia. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar a las mujeres detrás de esa idealización.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ca0ebb0e8b5763f84d73a7b674228068 wp-block-paragraph">Desde una mirada sistémica, la maternidad no depende únicamente del deseo individual. Está atravesada por la historia familiar, las creencias culturales, las expectativas sociales, la economía y las ideas que cada mujer construye sobre sí misma. La sociedad comunica constantemente cómo “debería” ser una buena madre, generando presiones difíciles de sostener.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a740a0ae14fd9720179faabf3327dfe2 wp-block-paragraph">En el consultorio, la maternidad rara vez aparece romantizada. Aparece humana, cansada, contradictoria y vulnerable. Ahí es donde la terapia permite mirar más allá del estereotipo y encontrarnos con maternidades reales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a3fc9be5279fb45d2433c6d3e5f688a6 wp-block-paragraph">Por ejemplo, una mujer exitosa profesionalmente vivió el nacimiento de su hijo con una enorme presión respecto a la lactancia. Tras múltiples intentos y estudios médicos, descubrió que físicamente no podía amamantar como esperaba. En terapia logró resignificar aquello que vivía como fracaso y comprender que la maternidad no depende de cumplir ideales imposibles, sino de la capacidad de cuidar, sostener y acompañar desde la realidad posible.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9136058e7bb3c005fb6d6fe67d5e5d1d wp-block-paragraph">Otra mujer llegó a consulta enfrentando ansiedad porque su bebé no dormía y sentía que no estaba siendo “la madre correcta”. Más que las críticas externas, la confrontaban sus propias exigencias. La terapia permitió identificar cómo muchas mujeres han aprendido que ser madre implica hacerlo todo perfecto y no equivocarse nunca. Cuando la realidad contradice esa expectativa, aparece la culpa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6368a5c61fb51c35b6631d22b1ae2dd6 wp-block-paragraph">También están las mujeres que atraviesan una pérdida perinatal. En estos casos, la maternidad existe incluso en la ausencia. El duelo no solo impacta a la madre, sino también a la pareja y al entorno familiar. Validar ese dolor permite reconocer que el vínculo y el amor materno también pueden existir aun cuando el tiempo compartido haya sido breve.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-36164f46799d80a394e082428a9668a2 wp-block-paragraph">Durante muchos años predominó en Latinoamérica la imagen de la madre abnegada, dispuesta a sacrificarse por completo por su familia. Sin embargo, esa narrativa también llevó a muchas mujeres a dejar de verse como personas completas, priorizando siempre a los demás por encima de su propia salud física y emocional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a5d5173fbccf9e8d0f9eee5e012dc015 wp-block-paragraph">Hoy comenzamos a mirar otras formas de maternar: mujeres que acompañan a sus hijos sin desaparecer ellas mismas en el proceso; mujeres que entienden que cuidar su salud mental también es una forma de cuidado hacia sus hijos. También reconocemos que maternar no es exclusivo de las madres biológicas: tías, abuelas, madrinas y otras figuras afectivas también sostienen y acompañan emocionalmente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d03f4cfe2e6700de5272973799459b74 wp-block-paragraph">Quizá uno de los mayores retos de la maternidad es que confronta profundamente a quien la vive. Ser madre implica encontrarse con los propios miedos, heridas y expectativas, al tiempo que se construyen nuevas maneras de vincularse.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-0e831942dcf2f4e00f448fc8f5be2fce wp-block-paragraph">Por eso, este Día de las Madres puede ser también una oportunidad para humanizar la maternidad: dejar de exigir perfección y comenzar a validar procesos reales. No existe una única manera correcta de ser madre; cada experiencia está atravesada por circunstancias únicas. Tal vez el mayor acto de amor hacia las madres consista en permitirles ser humanas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Artículo elaborado por: Psic. Paula Catalina Pérez Carrillo</p>
</blockquote>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">* Salvador Minuchin (1974). Familias y terapia familiar.</p>
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		<title>La psicología mexicana: una profesión que creció más rápido que su regulación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 May 2026 23:30:36 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Legislación]]></category>
		<category><![CDATA[Psicología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reflexiones clínicas en tiempos de TikTok, inteligencia artificial y sufrimiento acelerado En México existen actualmente más de 357 mil profesionistas de la psicología; de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud y la STPS, más del 70% son mujeres. La cifra resulta significativa no solo por su magnitud, sino por lo que revela históricamente: [&#8230;]</p>
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<h3 class="wp-block-heading has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ebe80ec0be19f78e5f4e6fd1aa82792e"><strong>Reflexiones clínicas en tiempos de TikTok, inteligencia artificial y sufrimiento acelerado</strong></h3>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-7bffce4f5305ec26eec19a4c2cd1b1e0 wp-block-paragraph">En México existen actualmente más de 357 mil profesionistas de la psicología; de acuerdo con datos de la Secretaría de Salud y la STPS, más del 70% son mujeres. La cifra resulta significativa no solo por su magnitud, sino por lo que revela históricamente: en poco más de seis décadas, la psicología mexicana pasó de ser un campo predominantemente académico y universitario a convertirse en una profesión masiva presente en hospitales, escuelas, empresas, consultorios, plataformas digitales y redes sociales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6f8a4d6318340308f668688b30c3cd44 wp-block-paragraph">Sin embargo, quizá la pregunta importante no sea cuántos psicólogos existen hoy en México, sino qué tipo de profesión estamos construyendo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-81a3251b225bce2ce763dceb123c3245 wp-block-paragraph">En los últimos años, la psicología ha dejado de habitar únicamente el consultorio, hoy también circula en reels de 30 segundos y discursos de autoayuda emocional que simplifican procesos profundamente complejos. Mientras el acceso a la información psicológica aumenta, también crece una pregunta incómoda para quienes ejercemos clínicamente: ¿qué lugar ocupa hoy el criterio terapéutico en medio de la inmediatez digital?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2576491b4ad572d1f6de7eb7955d914e wp-block-paragraph">La licenciatura en Psicología comenzó a consolidarse formalmente hacia finales de los años cincuenta con su institucionalización en la UNAM. Hablamos de una profesión históricamente joven que creció aceleradamente en número, presencia social y demanda clínica, pero no necesariamente al mismo ritmo en regulación, supervisión y construcción ética colectiva.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6e6342ca763ba080e333b5be732df55f wp-block-paragraph">Cambió la estructura familiar, la pareja y la forma de vincularnos. Cambió el trabajo, el cuerpo y la experiencia de intimidad, soledad y pertenencia. Y entonces también tuvo que cambiar la práctica clínica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a55201531a8974eb38450d8ad61e0f02 wp-block-paragraph">Desde una mirada sistémica, los “problemas y sufrimientos” humanos no pueden comprenderse aislados de los contextos relacionales, culturales y tecnológicos donde emergen. Gregory Bateson advertía que los fenómenos humanos se producen dentro de redes complejas de interacción y significado, no desde causalidades lineales e individuales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-97ab5512207faa102e0471c91a697a0c wp-block-paragraph">Mis 18 años ejerciendo como psicóloga y psicoterapeuta me permiten observar un momento complejo y contradictorio: nunca se había hablado tanto de salud mental y, paradójicamente, pocas veces había existido tanta simplificación emocional circulando simultáneamente.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3e081571e5a5abfa8069b4e5721ecc7e wp-block-paragraph">Hoy conceptos clínicos aparecen diariamente en TikTok, Instagram e inteligencia artificial; términos diagnósticos son utilizados fuera de contexto; y el lenguaje terapéutico corre el riesgo de convertirse en contenido de consumo inmediato.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-170705e1968f0a05e135d4e03cc601de wp-block-paragraph">La pandemia aceleró profundamente este escenario, la terapia en línea dejó de ser periférica para convertirse en práctica cotidiana, sin embargo, junto con esta expansión también crecieron preguntas incómodas: ¿quién supervisa?, ¿qué regula realmente la práctica clínica?, ¿qué protege a pacientes y terapeutas?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4b3f3adf1882b38d3a3896a1791d2cea wp-block-paragraph">Quizá uno de los mayores riesgos contemporáneos sea perder profundidad clínica (pensamiento clínico, supervisión, ética, capacidad reflexiva y responsabilidad profesional) en medio de una cultura de rapidez emocional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9ad884dbace1663e5273e42448632eed wp-block-paragraph">A los más de 357 mil psicólogos y psicólogas de México: felicidades por sostener una profesión que continúa construyéndose, cuestionándose y transformándose todos los días.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Artículo elaborado por: Mtra. Gema Santiago Chávez</p>
</blockquote>



<h4 class="wp-block-heading"><a></a><strong>Referencias</strong></h4>



<ul class="wp-block-list">
<li class="has-small-font-size">Bateson, G. (1972). <em>Steps to an Ecology of Mind</em>. University of Chicago Press.</li>



<li class="has-small-font-size">Dirección General de Profesiones. (s.f.). <em>Información sobre cédula profesional y ejercicio profesional en México</em>. Secretaría de Educación Pública.<a href="https://www.gob.mx/cedulaprofesional"> </a><a href="https://www.gob.mx/cedulaprofesional">https://www.gob.mx/cedulaprofesional</a></li>



<li class="has-small-font-size">Gobierno de México, Secretaría de Salud &amp; Secretaría del Trabajo y Previsión Social. (2024). <em>Estadísticas nacionales sobre profesionales de la psicología en México</em>.</li>



<li class="has-small-font-size">Ley Estatal de Profesiones del Estado de Chihuahua. (s.f.). <em>Marco regulatorio para el ejercicio profesional</em>. Congreso del Estado de Chihuahua.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Convertirse en madre: la crisis evolutiva de la que nadie habla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 17 May 2026 23:07:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencias e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar emocional]]></category>
		<category><![CDATA[Maternidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hablar de maternidad no es solo hablar de la mujer que gesta, sino del sistema que se transforma con ella: la pareja, la familia de origen, los hijos previos y la sociedad. Cuando un bebé nace, emerge una nueva forma de mirarse y pensarse. La mujer se refleja en un sistema que le devuelve la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e74a21660a63421b5268cbba0fb8d714 wp-block-paragraph">Hablar de maternidad no es solo hablar de la mujer que gesta, sino del sistema que se transforma con ella: la pareja, la familia de origen, los hijos previos y la sociedad. Cuando un bebé nace, emerge una nueva forma de mirarse y pensarse. La mujer se refleja en un sistema que le devuelve la mirada a través de expectativas, cuidados o abandonos, pero también a través de las voces de su propia historia transgeneracional, reactivando lealtades y mandatos sobre lo que &#8220;debería&#8221; ser una madre.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-832de68c95a54e9586551adc346621a5 wp-block-paragraph">Convertirse en madre implica una reconfiguración profunda en todas las dimensiones: personal, de pareja y profesional. Esta transición dispara una crisis sistémica que toca todos los subsistemas simultáneamente, exigiendo una reorganización de roles, fronteras y jerarquías en la estructura familiar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d03f8cc9acfd394f15678a0c2f803fe2 wp-block-paragraph">Para nombrar este proceso, la antropóloga Dana Raphael desarrolló el concepto de matrescencia: una transformación tan intensa como la adolescencia, pero culturalmente invisibilizada. No es un evento, es un proceso del ciclo vital que, como todo cambio, implica pérdida, incertidumbre y un duelo necesario por la identidad anterior antes de alcanzar un nuevo equilibrio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b13b387e847b27b4e3184eb04451e117 wp-block-paragraph">La maternidad habita una complejidad biológica y emocional que desafía la idealización. Existen madres que sienten que se perdieron a sí mismas; madres donde el amor convive con el miedo, la culpa y el agotamiento. En circunstancias extremas, como la prematuridad, la enfermedad o la pérdida, la crisis perinatal amplifica los conflictos que el sistema tenía pendientes. En estos casos, la fragilidad de la mujer se vuelve una denuncia silenciosa de la falta de sostén.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-16c80b32c6a4825f865c3f30b44f5c2b wp-block-paragraph">Esta vulnerabilidad permea inevitablemente el vínculo de pareja, que debe abandonar la estabilidad anterior para adaptarse a un tercero. El hijo actúa aquí como una &#8220;prueba de fuego&#8221; que no destruye, sino que revela la solidez o los vacíos de la estructura relacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-434219e0d9e51bafbf851950d214ef8f wp-block-paragraph">Sin embargo, el sistema familiar posee una capacidad extraordinaria de reorganización. La resiliencia materna no es la ausencia de dolor, sino la posibilidad de construir un nuevo sentido desde él. Ninguna madre se transforma sola: necesita una pareja que también se reconfigure, una familia que sostenga sin invadir y una sociedad que acompañe sin juzgar. La matrescencia no termina cuando llega el bebé a casa; culmina cuando la mujer logra integrar quién era con quién es ahora.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9adea0e5055ad6e3cba079895eee531d wp-block-paragraph">Acompañar esta transición es uno de los actos más profundos que un sistema familiar y de salud puede ofrecer. Al sostener la vulnerabilidad de la madre, no solo se protege a una mujer, sino que se asegura la salud vincular de las generaciones por venir.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><strong>Elaborado por: Christel J. Romo González, Psicóloga Perinatal y Terapeuta Familiar Sistémica Especialista en Intervención en Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN).</strong></p>
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		<title>Umberta Telfener: la última gran sistémica</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 17 Apr 2026 02:32:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencias e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Practicum]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia de Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia Sistémica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Mtro. Juan Antonio Zorrilla Hablar de Umberta Telfener implica situarse en uno de los momentos más sofisticados y complejos del desarrollo de la terapia sistémica contemporánea. Su pensamiento no solo continúa la tradición del grupo de Milán, sino que lo ensancha desde diferentes mapas epistemológicos, donde el observador, el lenguaje y la incertidumbre ocupan [&#8230;]</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4df39e2c8371c2dce66e81322a9867a7 wp-block-paragraph">Por: Mtro. Juan Antonio Zorrilla</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2cbe05e10eb7288c1cdb9f11df972eb0 wp-block-paragraph">Hablar de Umberta Telfener implica situarse en uno de los momentos más sofisticados y complejos del desarrollo de la terapia sistémica contemporánea. Su pensamiento no solo continúa la tradición del grupo de Milán, sino que lo ensancha desde diferentes mapas epistemológicos, donde el observador, el lenguaje y la incertidumbre ocupan un lugar central. En este sentido, Telfener puede ser comprendida como una de las úúltimas grandes exponentes de una sistémica que ha dejado de buscar verdades estructurales para orientarse hacia una mirada relacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-bbcd466d61ebfe28db3412a72405b99c wp-block-paragraph">Formada en el contexto del grupo de Milán influenciada por figuras como Mara Selvini Palazzoli, Luigi Boscolo y Gianfranco Cecchin, hereda una tradición caracterizada por el uso de la hipótesis, la circularidad, la neutralidad y la irreverencia. Sin embargo, Umberta no repite estos principios, sino que estira la liga hasta sus límites. La neutralidad, por ejemplo, deja de ser una postura técnica para convertirse en una posición ética compleja donde no se trata de no tomar partido, sino de reconocer que toda intervención está inevitablemente implicada en el sistema que observa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8da736894bddb884f304f34b969f25c6 wp-block-paragraph">Uno de los giros más importantes en la obra de Telfener es su profunda integración del pensamiento de segundo orden. Influenciada por autores como Heinz Von Foerster y Humberto Maturana,&nbsp; plantea que el observador no puede situarse fuera del sistema, sino que forma parte activa de la red de interacciones que describe. Este desplazamiento epistemológico transforma radicalmente la práctica clínica: el terapeuta ya no es un estratega externo que interviene sobre un sistema, sino un participante que co-construye realidades junto con los consultantes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-9bb9302a29183f5bfa0515c102c541ff wp-block-paragraph">Desde esta perspectiva, la noción de “problema” también se redefine. En lugar de concebirlo como una entidad objetiva o disfuncional, Telfener lo entiende como un producto narrativo emergente en la interacción. Así, la tarea terapéutica no consiste en corregir una desviación, sino en abrir posibilidades de significado que permitan nuevas formas de relación. Este enfoque la acerca a corrientes posmodernas, construccionistas y complejas, pero sin perder la rigurosidad sistémica que caracteriza su formación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2e98c8b3e127f3d5e284a9ca4b9035cd wp-block-paragraph">Otro elemento distintivo de su pensamiento es lo central de la incertidumbre. A diferencia de los primeros modelos que privilegiaban la formulación de hipótesis de primer orden, Telfener propone habitar la duda como condición fundamental del trabajo terapéutico. La incertidumbre no es vista como un déficit, sino como un espacio generativo desde el cual pueden emerger nuevas configuraciones. En este sentido, su postura dialoga con las críticas contemporáneas al “mito del control” en la intervención clínica, cuestionando la ilusión de que el terapeuta pueda dirigir de manera lineal el cambio.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ef77b372cb5502f76ff673d8b14a421c wp-block-paragraph">Asimismo, su trabajo introduce una sensibilidad particular hacia la estética de la relación terapéutica. Más allá de las técnicas específicas, Telfener enfatiza la importancia del tono, la presencia y la calidad del encuentro. La terapia se convierte entonces en un espacio performativo donde lo que transforma no es únicamente lo que se dice, sino cómo se construye la relación en el aquí y ahora. Esta dimensión estética conecta con desarrollos posteriores en la terapia sistémica que privilegian la experiencia sobre la técnica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4273effefd0b5fce859c079ec5f0e9d3 wp-block-paragraph">En el contexto de la sistémica posmilán, Telfener representa una figura de transición y, al mismo tiempo, de culminación. Su obra sintetiza las tensiones entre estructura y proceso, entre estrategia y co-construcción, entre conocimiento y no-saber. Si el grupo de Milán inauguró una forma de pensar la terapia como intervención estratégica en sistemas familiares, Telfener lleva esa tradición hacia un terreno donde la intervención se vuelve inseparable de la participación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-b0eae9e4ae32ba642f4e731de64bfb52 wp-block-paragraph">Llamarla “la última gran sistémica” no implica cerrar una historia, sino reconocer en su pensamiento un punto de inflexión. Su trabajo señala el paso de una sistémica centrada en el diagnóstico y la intervención hacia una sistémica orientada a la reflexividad, la ética y la complejidad. En un mundo marcado por la incertidumbre, la fragmentación y la multiplicidad de discursos, la propuesta de Telfener ofrece una brújula distinta: no la del control, sino la de la responsabilidad relacional.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a17fb960c268ebff14d6ba8582ffd122 wp-block-paragraph">Umberta Telfener, la última gran sistémica encara una forma de hacer terapia que asume plenamente las implicaciones epistemológicas del pensamiento sistémico. Su legado no reside únicamente en sus aportes teóricos, sino en una actitud clínica que privilegia la apertura, la duda y la co-creación. En tiempos donde la psicoterapia corre el riesgo de volverse protocolaria, su voz recuerda que la esencia del trabajo terapéutico sigue siendo profundamente humana, relacional e incierta.</p>
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		<title>La familia sin paredes: adolescencia, hiperexposición y terapia familiar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2026 15:15:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencias e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar emocional]]></category>
		<category><![CDATA[Hiperconectividad]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia familiar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Orlando Domínguez Corona La adolescencia no “llega” a una familia como un problema nuevo: llega como una exigencia de reestructuración. El sistema, que durante años funcionó con una jerarquía relativamente estable, se ve obligado a redistribuir autonomía, autoridad y pertenencia. Esa reorganización siempre ha sido compleja; hoy lo es más porque el hogar dejó [&#8230;]</p>
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<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Por: Orlando Domínguez Corona</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c1452de08231fdf1e12597891a974b88 wp-block-paragraph">La adolescencia no “llega” a una familia como un problema nuevo: llega como una exigencia de reestructuración. El sistema, que durante años funcionó con una jerarquía relativamente estable, se ve obligado a redistribuir <em>autonomía, autoridad y pertenencia.</em> Esa reorganización siempre ha sido compleja; hoy lo es más porque el hogar dejó de tener fronteras claras. La hiperexposición digital no es un simple hábito juvenil: es un cambio ecológico que atraviesa límites, alianzas y reglas de convivencia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2a4e6726d875d8cb07f43e204b0894fb wp-block-paragraph">En términos estructurales Minuchin (2009), afirmaba que la familia se organiza mediante jerarquías y límites: quién decide, quién contiene, quién protege, quién negocia. Cuando el adolescente intensifica su búsqueda de identidad, el sistema necesita permitir diferenciación sin expulsión. El problema aparece cuando esa transición se hace sin estructura: o se rigidizan los límites hasta el encierro, o se difuminan hasta la intemperie. En ambos extremos, el síntoma suele instalarse en el hijo: irritabilidad, retraimiento, conductas de riesgo, impulsividad. No porque el adolescente “esté mal”, sino porque el sistema intenta recuperar coherencia alrededor de una tensión que no sabe encuadrar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5027244c7c7846501b9bf185f0a96ac wp-block-paragraph">Aquí la ecología importa. Como lo planteaba Bronfenbrenner (2002), en su modelo ecológico del desarrollo, las conductas humanas no se entienden en aislamiento: se entienden en sistemas acoplados, en ambientes que se influyen mutuamente. En la era digital, el “afuera” entra a la casa de forma permanente. <em>El teléfono no es un objeto; funciona como un microsistema adherido al hogar,</em> un puente constante hacia pares, discursos, tendencias, juicios y comparaciones. El dormitorio deja de ser un lugar privado para volverse un escenario con audiencia. La validación se cuantifica (en likes, alcance, compartidos, etc); el error se archiva; el rechazo se viraliza. La familia, sin darse cuenta, empieza a funcionar con un regulador externo que compite con su autoridad simbólica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-be787707077585c42b2a4ea45b7b2f53 wp-block-paragraph">En ese punto se vuelve clínicamente observable un fenómeno sistémico: la pantalla opera como tercer elemento en múltiples triangulaciones. Bowen describía que, frente a la ansiedad crónica, los sistemas tienden a triangular para estabilizar tensiones; en muchas familias actuales, esa triangulación se organiza alrededor de lo digital. En algunas, se configura una coalición adolescente–red social contra el mundo adulto; el secreto se vuelve “autonomía” y la desconexión afectiva se justifica como “independencia”. En otras, aparece la coalición madre–adolescente en vigilancia digital, donde la preocupación se transforma en intrusión y el límite se vuelve difuso. También se observa al padre (o figura de autoridad) relegado bajo el argumento de “no entiende”, quedando fuera de la negociación de normas. Estas configuraciones no se corrigen con sermones sobre tecnología: se corrigen restaurando estructura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1c11d67f0845f248a119e38e2f785a8d wp-block-paragraph">La terapia familiar, desde un enfoque estructural, no trata de domesticar al adolescente ni de demonizar el presente. Trata de reordenar el sistema para que la <em>exploración identitaria</em> ocurra con sostén. Primero, <strong>clarifica la jerarquía:</strong> no para imponer, sino para devolver liderazgo a los adultos. Minuchin subrayaba que la jerarquía funcional no es control; <em>es contención.</em> La autoridad relacional se reconoce por su función: proteger, poner límites claros, sostener consecuencias y, sobre todo, mantener el vínculo cuando hay conflicto. Sin esta jerarquía, la familia entra en negociación interminable; el adolescente se vuelve árbitro del clima emocional del hogar, y la ansiedad sistémica aumenta (Bowen). No basta un “no uses el celular”; se requiere un encuadre que traduzca valores familiares en reglas concretas: horarios, espacios sin pantallas, criterios sobre exposición (qué se comparte, con quién, qué no), manejo de privacidad. <em>Un límite claro no invade ni se ausenta: delimita.</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5657fdbce3bb8ecfaf82049c0767d44 wp-block-paragraph">Por último, se requiere un cambio narrativo: externalizar “la hiperexposición” como problema sistémico permite que familia y adolescente se vuelvan equipo frente al fenómeno, en lugar de enemigos en guerra moral. Esta es una contribución fina de la terapia narrativa: White y Epston proponían que, al separar el problema de la identidad, las familias recuperan agencia. No se trata de producir obediencia, sino competencia relacional: capacidad de hablar, negociar, sostener tensión y reparar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-14d6ae213c9b9f11b503ea85393e33b6 wp-block-paragraph">La adolescencia contemporánea no es una desviación de la adolescencia “de antes”. Es la misma tarea evolutiva, en un ecosistema distinto. La pregunta clave no es cuánto tiempo de pantalla hay, sino qué estructura familiar existe para contener <strong>identidad, pertenencia y autonomía sin que el miedo gobierne.</strong> <em>Una familia con límites claros no encierra: sostiene.</em> Y cuando sostiene, el adolescente deja de cargar el síntoma del sistema y recupera su tarea legítima: crecer.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">Referencias:</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Bowen, M. (2022). <em>De la familia al individuo: La diferenciación del sí mismo en el sistema familiar</em>. Paidós.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Bronfenbrenner, U. (2002). <em>La ecología del desarrollo humano: Experimentos en entornos naturales y diseñados</em>. Paidós.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Minuchin, S. (2009). <em>Familias y terapia familiar</em>. Gedisa.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">White, M., &amp; Epston, D. (1993). <em>Medios narrativos para fines terapéuticos</em> (1.ª ed.). Paidós.</p>
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		<title>La adolescencia en el contexto contemporáneo y los retos para la terapia familiar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2026 15:12:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencias e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Adolescentes]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar emocional]]></category>
		<category><![CDATA[Hiperconectividad]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia Sistémica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Alejandra Cázares La adolescencia constituye una etapa del desarrollo caracterizada por transformaciones biológicas, cognitivas, emocionales y sociales profundas. Tradicionalmente ha sido comprendida como un periodo de consolidación de la identidad, búsqueda de autonomía y reorganización de los vínculos familiares. Sin embargo, en la actualidad este proceso ocurre dentro de un contexto sociocultural radicalmente distinto [&#8230;]</p>
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<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Por: Alejandra Cázares</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-91958a26d8004685c579fc30f0cdae45 wp-block-paragraph">La adolescencia constituye una etapa del desarrollo caracterizada por transformaciones biológicas, cognitivas, emocionales y sociales profundas. Tradicionalmente ha sido comprendida como un periodo de consolidación de la identidad, búsqueda de autonomía y reorganización de los vínculos familiares. Sin embargo, en la actualidad este proceso ocurre dentro de un contexto sociocultural radicalmente distinto al de generaciones anteriores, marcado por la hiperconectividad digital, la globalización, cambios en las estructuras familiares y una creciente visibilización de la salud mental. Estas transformaciones plantean desafíos específicos para la terapia familiar contemporánea.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3c6c9847802a616e614ade42df0254d5 wp-block-paragraph">Diversos estudios internacionales han documentado un incremento en síntomas internalizantes —como ansiedad y depresión— en población adolescente durante la última década (Twenge et al., 2019; WHO, 2021). A ello se suma la influencia de redes sociales digitales, que han modificado los procesos de comparación social, construcción de identidad y regulación emocional. La literatura sugiere que la exposición prolongada a redes sociales puede asociarse con mayor vulnerabilidad a síntomas depresivos, particularmente en adolescentes con baja autoestima o contextos familiares con comunicación limitada (Odgers &amp; Jensen, 2020). No obstante, la tecnología no es en sí misma un factor patológico, sino un entorno que amplifica dinámicas preexistentes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-21f16dce74ed1c19cbe712dadf18d84b wp-block-paragraph">Desde el modelo ecológico de Bronfenbrenner (1979), el desarrollo adolescente debe comprenderse dentro de sistemas interrelacionados, siendo la familia el microsistema primario de regulación emocional y socialización. Investigaciones longitudinales han demostrado que la cohesión familiar, la comunicación abierta y la consistencia en las prácticas parentales funcionan como factores protectores frente a conductas de riesgo y sintomatología emocional (Steinberg, 2014). En contraste, estilos parentales caracterizados por inconsistencia normativa, sobreprotección o elevada crítica se asocian con mayores niveles de conflicto y problemas internalizantes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-400fa7db939375d9c6d3b0d46646218b wp-block-paragraph">Uno de los principales retos actuales para la terapia familiar es la renegociación de la autoridad y la autonomía en un contexto cultural que promueve independencia temprana, pero que simultáneamente prolonga la dependencia económica y emocional. Esta paradoja genera tensiones en las jerarquías familiares. Desde el enfoque estructural de Minuchin (1974), podría observarse una tendencia hacia límites difusos o, en el extremo opuesto, rígidos, dificultando el equilibrio entre diferenciación y pertenencia. El terapeuta familiar contemporáneo debe facilitar procesos de reestructuración donde se promueva autonomía progresiva sin ruptura vincular.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-31e865c30b24b7bba8a9778c4316477a wp-block-paragraph">Otro desafío relevante es la diversidad en las configuraciones familiares actuales. Familias reconstituidas, monoparentales, homoparentales o transnacionales requieren abordajes sensibles al contexto y libres de supuestos normativos tradicionales. La evidencia indica que la calidad relacional es un predictor más sólido del ajuste adolescente que la estructura familiar en sí misma (Golombok, 2015). Por ello, la intervención debe centrarse en los patrones interactivos y no en la tipología estructural.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-dc64e67d224c9419195957fca552c719 wp-block-paragraph">La pandemia por COVID-19 dejó además secuelas importantes en términos de aislamiento social, interrupciones escolares y aumento de conflictos intrafamiliares. Estudios recientes señalan que el estrés parental y la incertidumbre económica influyeron directamente en la salud mental adolescente (Prime, Wade &amp; Browne, 2020). En este escenario, la terapia familiar enfrenta el reto de trabajar no sólo con dinámicas interpersonales, sino también con factores macrosistémicos como precariedad laboral, migración o exposición constante a crisis globales.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d189d20dc8020ac1f5c484711837c389 wp-block-paragraph">En términos clínicos, la terapia familiar contemporánea requiere integrar tres ejes fundamentales: primero, fortalecer habilidades de comunicación emocional, promoviendo validación y escucha activa; segundo, trabajar la regulación emocional intergeneracional, reconociendo que los adolescentes modelan estrategias de afrontamiento observadas en sus cuidadores; y tercero, incorporar psicoeducación sobre el uso saludable de tecnologías digitales, estableciendo acuerdos familiares claros y coherentes.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-65d13e2531b9381f26d089d1cbb00ee4 wp-block-paragraph">Asimismo, la práctica clínica debe adaptarse al lenguaje y cultura juvenil actual, donde temas como identidad de género, activismo social o presión académica intensa forman parte central de la experiencia adolescente. Ignorar estos elementos puede generar desconexión terapéutica.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ba7095baa886748aca05cc22d26c466b wp-block-paragraph">En conclusión, la adolescencia contemporánea se desarrolla en un entorno complejo que combina oportunidades de expansión identitaria con riesgos psicosociales amplificados por la tecnología y la incertidumbre global. La familia continúa siendo un factor determinante en el bienestar adolescente, pero enfrenta tensiones estructurales y culturales inéditas. La terapia familiar, por tanto, debe evolucionar hacia modelos flexibles, culturalmente informados y sistémicamente integradores, capaces de abordar tanto la dinámica intrafamiliar como los desafíos contextuales más amplios. Sólo desde esta perspectiva integral será posible acompañar a las familias en la construcción de vínculos seguros y resilientes en el mundo actual.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Bronfenbrenner, U. (1979). <em>The ecology of human development: Experiments by nature and design</em>. Harvard University Press.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Golombok, S. (2015). <em>Modern families: Parents and children in new family forms</em>. Cambridge University Press.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Minuchin, S. (1974). <em>Families and family therapy</em>. Harvard University Press.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Odgers, C. L., &amp; Jensen, M. R. (2020). Annual research review: Adolescent mental health in the digital age: Facts, fears, and future directions. <em>Journal of Child Psychology and Psychiatry, 61</em>(3), 336–348. <a href="https://doi.org/10.1111/jcpp.13190">https://doi.org/10.1111/jcpp.13190</a></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Prime, H., Wade, M., &amp; Browne, D. T. (2020). Risk and resilience in family well-being during the COVID-19 pandemic. <em>American Psychologist, 75</em>(5), 631–643. https://doi.org/10.1037/amp0000660</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Steinberg, L. (2014). <em>Age of opportunity: Lessons from the new science of adolescence</em>. Houghton Mifflin Harcourt.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Twenge, J. M., Joiner, T. E., Rogers, M. L., &amp; Martin, G. N. (2019). Increases in depressive symptoms, suicide-related outcomes, and suicide rates among U.S. adolescents after 2010 and links to increased new media screen time. <em>Clinical Psychological Science, 7</em>(1), 3–17. https://doi.org/10.1177/2167702617723376</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">World Health Organization. (2021). <em>Adolescent mental health</em>. <a href="https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health">https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health</a></p>



<ul class="wp-block-list"></ul>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Familias multiespecie: reconfiguración de los afectos y pertenencias</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Mar 2026 15:05:48 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencias e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Familias]]></category>
		<category><![CDATA[Multiespecie]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia Sistémica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Ericka Fosado, Investigadora CRIM-UNAM, Terapeuta sistémica – CRISOL En el 70% de los hogares en México viven animales compañeros: perros, gatos y una variedad de especies pequeñas que alcanzan una población de 80 millones de individuos.[i] La vida cotidiana la compartimos con otros animales. Esto no es nuevo, pero sí parece haber un viraje [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph">Por: Ericka Fosado, Investigadora CRIM-UNAM, Terapeuta sistémica – CRISOL</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-204b4366a1d6467e38fed937529946d4 wp-block-paragraph">En el 70% de los hogares en México viven animales compañeros: perros, gatos y una variedad de especies pequeñas que alcanzan una población de 80 millones de individuos.<a href="#_edn1" id="_ednref1">[i]</a> La vida cotidiana la compartimos con otros animales. Esto no es nuevo, pero sí parece haber un viraje en la manera en que pensamos y vivimos estos vínculos, que en ocasiones nos invitan a ampliar lo que entendemos por familia.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fa5429d177d916c6ef65e9b7923690ec wp-block-paragraph">Considero que, para captar la riqueza de estas relaciones y lo que significan en términos psicoafectivos y socioculturales, es indispensable partir de un lugar de curiosidad. Durante muchos años las relaciones humano-animal (RHA) que se dan en términos amorosos y de cuidados han sido descalificadas e incluso patologizadas. Desde estas perspectivas se suele señalar que estos vínculos son un reemplazo elaborado por personas que, por falta de capacidad o compromiso, no logran armar lazos primarios con sus pares humanos -amigos, hijos, parejas-.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-941fc719ad1db7e19f9213e5f403c4d2 wp-block-paragraph">Hay que precisar que este tipo de planteamientos se basan en evidencia limitada y reproducen una regla afectiva de excepcionalidad humana: el amor legítimo, los cuidados válidos y la pertenencia aceptable sólo pueden darse entre humanos. Los animales son ese Otro al que no se reconoce como sujeto sino como objeto a explotar para cubrir nuestras necesidades.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-8cea6dac60154b30e29fe4e0efc9cc23 wp-block-paragraph">Sin embargo, los movimientos a favor de los animales, los avances legislativos que reconocen sus derechos, los hallazgos científicos sobre su sintiencia y conciencia (como la Declaración de Cambridge), ofrecen una base para cuestionar estos supuestos. Desde distintos campos de conocimiento especializados en la RHA &nbsp;(como los estudios críticos animales o la antrozoología política) se ha documentado no sólo la complejidad de sus capacidades, sino también su papel en el desarrollo de la sociedad, la economía y la cultura.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4e0a5ef63cab91fdfe8e001f8cc2bec4 wp-block-paragraph">En términos de salud mental, investigaciones recientes muestran que los animales compañeros contribuyen al bienestar de las familias por distintas vías. Me centraré en ejemplos de la relación humano-canina, que constituye el foco de mi investigación. Se ha encontrado que, en la infancia, la convivencia con perros favorece el desarrollo socioemocional y la empatía al propiciar conversaciones familiares (Reider et al., 2023). En el caso de niñas y niños con TEA, diversos estudios indican que la presencia de perros puede reducir el estrés parental y fortalecer las habilidades sociales infantiles (Carlisle, 2015). Asimismo, se ha observado que un vínculo de apego con los perros se asocia con menores niveles de ansiedad y depresión (Żebrowska et al., 2024; Victor &amp; Mayer, 2023). Finalmente, en la vejez, los perros destacan como una fuente importante de compañía y apoyo social (Toohey, 2023; Pruchno et al., 2018; Shealy et al., 2024).<a href="#_edn2" id="_ednref2">[ii]</a></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-1cae8ea29640204234d6c6306811777d wp-block-paragraph">Sin embargo, apenas se ha prestado atención a lo que ganan los animales al compartir su vida con nosotros. Es aquí donde considero que las y los terapeutas sistémicos podemos desatar nuevas conversaciones que nos permitan pasar de estas nociones lineales -¿qué beneficios nos otorgan los animales compañeros?-&nbsp; a miradas más relacionales -¿qué obtienen ellos de estos vínculos?-, &nbsp;e incluso más complejas: ¿qué aprendemos de los entramados familiares multiespecie? ¿cómo captarlos? ¿qué desafíos plantean? ¿qué posibilidades abren?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-837dff7176ccbc4d0199685d0cd8afe4 wp-block-paragraph">Las familias multiespecie forman parte de nuestro entramado social de manera cada vez más visible. Discutir sobre su existencia resulta, en cierto sentido, ocioso. Partir de su reconocimiento, en cambio, puede abrir conversaciones más interesantes: ¿qué nos enseñan los animales con quienes convivimos?, ¿qué oportunidades ofrece esa convivencia para imaginar formas de vínculo más lúdicas, íntimas, atentas al cuidado y a la escucha?</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-28f7d7fc61336c2cd2b642e6bb8cefc5 wp-block-paragraph">Desde la terapia sistémica podemos situar esta reflexión en un marco más amplio, pues sabemos que la familia no es una entidad natural, sino una institución política, económica y cultural y, por lo tanto, se encuentra en constante transformación. A lo largo de la historia, las formas familiares han cambiado en función de las condiciones sociales y de las maneras en que las personas organizan el afecto, la convivencia y el cuidado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6262d70c748354532731766bb7443c4f wp-block-paragraph">El reconocimiento de las familias multiespecie puede ser parte de ese proceso de cambio.<a href="#_edn3" id="_ednref3">[iii]</a> Este viraje no sólo permite legitimar vínculos que ya existen en la práctica, sino también consolidarlos de manera más reflexiva. Es decir, más allá de nombrarlos como “perrijos”, “canhijos” o “gatijos”, la discusión podría orientarse a reflexionar sobre lo que implica asumir a los animales como parte de la familia: establecer con ellos un compromiso de cuidado que atienda a sus propias necesidades, y no únicamente a las proyecciones afectivas humanas sobre lo que quisiéramos que fueran.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5659b491b1a71fb258eb20114a3c528 wp-block-paragraph">En términos clínicos, abrir esta mirada puede enriquecer nuestras intervenciones al incorporar a los animales compañeros como parte del sistema familiar. Su presencia permite abrir conversaciones significativas y, en ocasiones, disruptoras: ¿qué dice de nuestra familia la manera en que cuidamos de nuestra perra? ¿Qué opinaría nuestro gato del problema de pareja que estamos atravesando? ¿Cómo nos acompañan nuestros animales cuando vivimos una situación difícil? ¿Quién se da cuenta de que están enfermos? ¿Quiénes hacen equipo para cuidarlos? ¿Qué roles se activan alrededor de su cuidado? ¿Qué emociones emergen cuando pensamos en su bienestar o en su posible pérdida? Estas preguntas pueden ayudar a visibilizar formas de organización, cuidado y afecto que a menudo permanecen implícitas en la vida familiar.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-f6461df665802f0d19c213cbf1f31a70 wp-block-paragraph">Cierro con una invitación: pensar en la familia multiespecie no como un estilo de vida, sino como un proyecto ético, político y afectivo. Un proyecto que implicar reconocer a los animales compañeros como sujetos de un vínculo en el que su bienestar, sus necesidades y su dignidad son tomadas en cuenta. Este paso es necesario para que la familia no se convierta en otro espacio de explotación, en este caso psicoafectiva, sino en un ámbito de convivencia más justo entre especies.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e6123f0fc5c151e722c634247c124bd9 wp-block-paragraph">Somos también animales y, siempre hemos convivido con otras especies. Quizá el momento actual nos invite a reconocerlas más explícitamente como parte de nuestras familias. Lejos de simplificar este giro en las relaciones humano-animal, conviene reconocer su potencial: ampliar nuestras capacidades de cuidado y recordarnos que somos una especie más en el entramado de la vida. Desde una mirada sistémica, estos vínculos pueden enriquecer los lazos de pertenencia; y, desde una mirada política, contribuyen a diluir el antropocentrismo y a cuestionar cotidianamente el especismo</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-60d2c3d638fcb10fdf4fd4467087d597 wp-block-paragraph">Reconocer a los animales como parte de nuestras familias quizá no sólo transforme la idea de familia, sino también la manera en que aprendemos a habitar juntos este planeta.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><a href="#_ednref1" id="_edn1">[i]</a> Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) (2021). <em>Encuesta de Bienestar Autorreportado</em></p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><a href="#_ednref2" id="_edn2">[ii]</a> Reider, L. B.; Kim, E.; Mahaffey, E.; LoBue, V. (2023). The impact of companion animals in the home on children&#8217;s daily lives: Differences in parent–child conversations and implications for children&#8217;s emotional development. -Carlisle, G. K. (2015). Social skills and attachment to dogs in children with autism spectrum disorder. -Żebrowska, M.; Strohmaier, S.; Westgarth, C.; Huttenhower, C.; Eliassen, H. A.; Haghayegh, S.; Huang, T.; Laden, F.; Hart, J.; Rosner, B.; Kawachi, I.; Chavarro, J. E.; Okereke, O. I.; Schernhammer, E. S. (2024). Time and duration of dog walking and chronotype of dog owners in relation to risk of incident depression in nurses. -Victor, S.; Mayer, C. (2023). The role of companion animals during remote work and the COVID-19 pandemic. -Toohey, A. M. (2023). Considering cats, dogs and contradictions: Pets and their relational influence on experiences of ageing in place. -Pruchno, R.; Heid, A. R.; Wilson-Genderson, M. (2018). Successful aging, social support, and companion animal ownership. -Shealy, T. et al. (2024). Dog ownership and well-being in older adults: Physical activity and social interaction pathways.</p>



<p class="has-small-font-size wp-block-paragraph"><a href="#_ednref3" id="_edn3">[iii]</a> En México, un tribunal federal reconoció en 2023 la existencia de las familias multiespecie, en una sentencia emitida por la magistrada Paula María García Villegas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Mi experiencia en mi formación en traumaterapia infantil  con Jorge Barudy, Maryorie Dantagnan y la Red Apega</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Feb 2026 22:21:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencias e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia familiar]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: Víctor Manuel Baltazar Comparto aquí mi experiencia personal en el diplomado que codirigen Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan que concluyo a inicios de este año. Tratar nuestro probable historial traumático como terapeutas es fundamental para poder acompañar desde la perspectiva sistémica los procesos de recuperación&#160; psicotraumática &#160; de nuestros consultantes, situando el&#160; abordaje&#160; para [&#8230;]</p>
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<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-1329ec0eaf20ed08c29fea23c7d1141c wp-block-paragraph">Por: <strong>Víctor Manuel Baltazar</strong></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-e8bf796120461278a992e491f7c84095 wp-block-paragraph">Comparto aquí mi experiencia personal en el diplomado que codirigen <strong>Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan que concluyo a inicios de este año</strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-62ad9c0b9e11ce774e6bb01caa49f167 wp-block-paragraph">Tratar nuestro probable historial traumático como terapeutas es fundamental para poder acompañar desde la perspectiva sistémica los procesos de recuperación&nbsp; psicotraumática &nbsp; de nuestros consultantes, situando el&nbsp; abordaje&nbsp; para aliviar &nbsp; el dolor psíquico desde una aproximación comprensiva, respetuosa y empática. Esto es trabajar desde el paradigma de los <strong>buenos tratos</strong>,&nbsp; en los procesos de reconfiguración relacional de niños, adolescentes y sus figuras parentales. Este posicionamiento&nbsp; lo adopte en el <strong>Diplomado en Traumaterapia Sistémica Infantil y Adolescente</strong>, impartido desde una perspectiva sistémica por los expertos de la Red Apega</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2d191bfbac2af2e5cf480d34d4450704 wp-block-paragraph">Sabía que Jorge Barudy había estado en México años atrás, invitado por Crisol para impartir un <em>Practicum</em>, pero lamentablemente me enteré a destiempo y perdí esa oportunidad. Sin embargo, una nueva posibilidad se abrió en mi camino cuando, divagando casualmente por la red, vi la convocatoria para la inscripción al <strong>Diplomado en Traumaterapia Sistémica Aplicada a Niños/as, Jóvenes y Adultos/as</strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c5841880d44522cd785d1b7ead5e4315 wp-block-paragraph">Cumplí con los requisitos de postulación, que incluían la redacción de una carta de motivación para entrar al diplomado y un texto sobre mi pasado infantil. Esto último ya lo había trabajado previamente a través de biografías creativas con intencionalidad terapéutica. Dichas experiencias me permitieron comprender que crecí disociado durante una parte significativa de mi infancia, por razones que no es pertinente compartir en este texto.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-4cf3ae6bdbba63641aba35b02bb63fda wp-block-paragraph">Mi motivación para realizar esta formación fue doble: por un lado, personal, como una forma de seguir profundizando en mi proceso de recuperación traumática primaria; y por otro, profesional, con el objetivo de especializarme aún más como traumaterapeuta del desarrollo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-cde69e56f7139728427bde7e14201b0d wp-block-paragraph">Desde el inicio del diplomado confirmé lo que ya sabía sobre la calidez y complejidad teórica&nbsp; de Jorge Barudy, &nbsp;ahora en su&nbsp; faceta docente en mi experiencia, así como de su socia y compañera Maryorie Dantagnan y de todo su equipo. Lo que no esperaba era la fraternidad de alto nivel humano que se generó con mis compañeras y compañeros de formación. Al conocernos en persona, se produjo una conexión profunda, marcada por la pasión con la que cada quien vive su vida y su trabajo, por su alta competencia profesional y, también, por su alegría, su humor y su espíritu colaborativo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-fd38372869c3eaf7ee02d09eb481346f wp-block-paragraph">La formación combinó clases asincrónicas y sincrónicas en línea, además de dos jornadas intensivas presenciales en <strong>Viña del Mar, Chile</strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; . En cada módulo se proporcionó una gran cantidad de documentos, textos, investigaciones y presentaciones actualizadas, suficientes para sustentar sólidamente un buen postgrado.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-ac5de1077225a2cc974b679d078868fa wp-block-paragraph">Desde mi perspectiva, lo más valioso de la formación fue &nbsp;la <strong>calidez humana</strong> que se vive a lo largo de todo el proceso, tanto por parte del cuerpo docente como de las compañeras y compañeros provenientes de diversos países latinoamericanos. En mi generación, por cierto la décima en latinoamérica, participaron colegas de Chile, Argentina -Paraguay, Perú, Colombia-, República Dominicana y México, conformando una tribu cálida y solidaria, en coherencia con un <strong>humanismo compasivo</strong> donde la ternura es parte esencial del aprendizaje. Este clima genera un sentido de comunidad reparador, tanto de nuestras propias historias &nbsp;personales que tiene su correlato como terapeutas, así como en la adquisición de herramientas teóricas y prácticas.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-a54d6bd7830e46e404717e6edc0a39d3 wp-block-paragraph"><br>Por el contrario, cuando las experiencias traumáticas impactan nuestras&nbsp; estructuras cerebrales, se generan procesos disociativos y estados prementalizadores que dificultan pensar funcionalmente la realidad, favoreciendo conflictos por desregulación relacional. Los buenos y los malos tratos tienen su correlato en el cuerpo, tal como lo explican la teoría del apego y la teoría polivagal. Un cuerpo que se siente seguro y relajado puede conectar socialmente; en cambio, cuando está afectado por traumas del desarrollo, puede desregularse con facilidad y activar respuestas de lucha, huida o desconexión.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-17612d0a452965916c0b597792163a02 wp-block-paragraph">Un cerebro bien integrado, producto de experiencias relacionales consistentes y vínculos protectores seguros, estimula el desarrollo, la curiosidad, la conexión social y altos niveles de mentalización. Por el contrario, el maltrato puede llevarnos&nbsp; a vivir crónicamente en estados corporales de ansiedad, alerta o desconexión. El buen trato genera mentes corporizadas funcionales; la violencia, en cambio, produce malestar físico y psíquico persistente. Como diría <strong>Bessel van der Kolk</strong>, <em>el cuerpo lleva la cuenta</em></p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-3de2270d7647c6e1589beb58a571e046 wp-block-paragraph"><br>El maltrato deja una constelación traumática que suele transmitirse de una generación a otra, aunque también puede repararse mediante procesos terapéuticos y también&nbsp; a través de los buenos tratos reiterados en la familia y&nbsp; comunidad.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-72e48498cf46d623a55b9e955a116e69 wp-block-paragraph">Ese joven chileno llamado <strong>Jorge Barudy</strong>, que fue preso y torturado a los 24 años en septiembre de 1973, y que se entregó en cuerpo y alma a sus compañeros de dolor en cautiverio, se dedicó posteriormente, ya en el exilio, a acompañar a personas desterradas por víctimas de tortura por violencia política. Más tarde, orientó su trabajo hacia niños, niñas, adolescentes y sus familias que han vivido malos tratos y traumas en sus diversas expresiones. Su legado para aliviar los sufrimientos por violencia en vida se ha multiplicado a través de su equipo de trabajo y de todas las personas que nos hemos formado con él y con la <strong>Red Apega</strong>.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c520378378fa858199371c6db90812e7 wp-block-paragraph">En conclusión, trabajar en red, convivir en comunidad, ser parte de colectivos desde una mirada empática y comprensiva, es una forma potente de protección y alivio frente a estos tiempos de incertidumbre &nbsp;que nos esta tocando vivir.<br>De corazón, <strong>gracias Jorge Barudy</strong>, gracias a la <strong>Red Apega</strong>, y gracias a <strong>Javier Vicencio</strong>, chileno y cercano a Jorge Barudy.</p>
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		<title>¿Qué es el amor para un terapeuta de pareja?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 08 Feb 2026 22:13:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tendencias e investigación]]></category>
		<category><![CDATA[Bienestar emocional]]></category>
		<category><![CDATA[Terapia de Pareja]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por: JUDITH GOMEZ DE LEON DEL RIO Interesante pregunta, que me invita a reflexionar en las diferentes historias expectativas y emociones con las que llegan los consultantes a una primera sesión de terapia de pareja y el interjuego de estas, con las historias de los terapeutas tejidas alrededor de sus propias experiencias “amorosas”. &#160;A lo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-47c2376acd333058f4ce1662fb555b8e wp-block-paragraph">Por: JUDITH GOMEZ DE LEON DEL RIO</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d9dcc96d0ce223c592f3444dd952d65e wp-block-paragraph">Interesante pregunta, que me invita a reflexionar en las diferentes historias expectativas y emociones con las que llegan los consultantes a una primera sesión de terapia de pareja y el interjuego de estas, con las historias de los terapeutas tejidas alrededor de sus propias experiencias “amorosas”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-6842c4c023c1e1559b207c91ddfbaefe wp-block-paragraph">&nbsp;A lo largo de los años en el trabajo terapéutico, pareciera que la mayor parte de los consultantes llega al consultorio con el gran dolor de experimentar que la relación “amorosa” que en un momento&nbsp; fue una fuente de seguridad, conexión, entusiasmo, estabilidad, reconocimiento, respeto, generosidad y placer, entre otras cosas, ya no solo no responde a&nbsp; ninguna o pocas de estas&nbsp; necesidades, sino que crea un profundo dolor frustración, y en ocasiones angustia en su relación consigo mismo con su pareja , con el mundo.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2b586e08fc0fad2216e94e19ae877360 wp-block-paragraph">Ante esta constatación lo que aparece muchas veces a primera instancia es enojo, frustración, desconfianza, sufrimiento, silencio. y algunos otros llegan sorprendidos y confundidos por el conflicto que los invade… “ya no me AMAS” o “cómo? si NOS HEMOS AMADO tanto… y no es suficiente?” otros llegan frustrados de que “el AMOR se haya acabado sin darnos cuenta” otros más furiosos de experimentar “después de todo lo que le he dado.” o “un AMOR no correspondido” con texturas de sufrimiento, reclamos y amenazas ..y casi todos sin entender “cómo llegamos a este lugar tan solitario y doloroso” relacionado con eso que en&nbsp; nuestra&nbsp; sociedad y con cierta ligereza hemos tenido a …bien nombrar AMOR.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-c83c6636cffbd5d89f7437a74b8a19a2 wp-block-paragraph">Una palabra corta pero grande que dice mucho y poco al mismo tiempo, expresa un sentir, pero también la cualidad de una relación. que en ocasiones se viste de rosa con visos de ternura, adolescencia, ingenuidad&nbsp; &nbsp;y dependencia, demandas de seguridad, certeza… en otras de rojo candente con hilos de erotismo, complicidad, pasión drama y traición, (M. Sheinkman) ideas que la cultura contemporánea se ha hecho cargo de vanalizar explotando las necesidades afectivas en un mundo cada vez más rápido solitario y demandante.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-d37aa0d411ae0f96505ff5cc5e519380 wp-block-paragraph">Lo cierto es que en el inicio y a veces a lo largo de un proceso terapéutico con una pareja, hace bien dejar a un lado, el concepto racional y de lugar (aparentemente) común de esa experiencia un mucho idealizada, que atraviesa el sentido de la vida, que aprendimos a llamar “AMOR”.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-419f58beb3fbe436e82e6c6cf019ed65 wp-block-paragraph">Por otro lado podríamos decir que para el terapeuta es más útil&nbsp; preguntarse&nbsp; cómo es que se expresa ese “ Amor” en LA RELACIÓN, es decir, la danza&nbsp; entre cercanía&nbsp; y distancia,&nbsp; entre la experiencia de sí mismo y el nosotros, entre el contacto y el aislamiento, entre las similitudes y las diferencias, el conflicto y el reencuentro, la satisfacción y la frustración en una relación…que han llegado a un umbral de conflicto y dolor tal, que llevan&nbsp; (muchas veces sin quererlo)&nbsp; a los miembros de una pareja a consultar&nbsp; a un tercero desconocido a que les ayude a justificar sus enojos desaliento&nbsp; resentimiento y miedo ante lo que amenaza como una ruptura inminente y el enorme dolor que esto trae,&nbsp; y/o a reencontrarse y explorar juntos&nbsp; nuevos lenguajes para recuperar el gusto y el placer de sostener y nutrir una relación tan significativa y central como es la relación de pareja.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-98cb724da2abad68cd545ef4aad959c6 wp-block-paragraph">Si pensamos que desde la infancia cada uno de nosotros hemos aprendido, a través de las primeras experiencias de vida, a discernir lo que identificamos como “Amor” y l “Desamor” y la ha convertido en VERDADERA, (C. Naranjo) creando&nbsp; un lente con el que se ve a sí mismo y al otro, podríamos pensar que el sentido del trabajo terapéutico&nbsp; con una pareja puede enfocarse a:</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-42ceab5d685fd77c70884f6d67bcb923 wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Acompañar a cada uno de los miembros de una pareja a enfrentarse al dilema de ampliar sus propias historias e incorporar las del otra con la posibilidad de crear una relación dinámica y fluida que proporcione bienestar, que le dé sentido a la relación o plantearse una separación cuidadosa, sensata y “amorosa” aunque dolorosa.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-2b459b242f932beb728311f7529a3565 wp-block-paragraph">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; B.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y por otro lado, ayudar a que los diálogos y las reflexiones compartidas en las sesiones activen las posibilidades y la disposición de cada uno a nutrir lo que en la relación se experimenta como amor: confianza, sentido de propósito, enriquecimiento mutuo y un espacio de generosidad y delicadeza donde los miembros de la pareja puedan expresarse, para ampliar y resignificar en la relación.</p>



<p class="has-black-color has-text-color has-link-color wp-elements-950719cff6f557ec5b9ce015501a5076 wp-block-paragraph">&nbsp;Por ello, eso que solemos llamar AMOR es un mar abierto de experiencias, expectativas, ondulantes que lo mismo se pueden expresar en armonía y satisfacción que en el trabajo de sostener una danza de diálogos que interpelan y acogen las emociones y voces que llevan a los miembros de una relación a expresar quienes son. Y este no es privativo de las relaciones de pareja, está en todas las relaciones significativas en que los seres humanos danzamos en la vida cotidiana, por ello, ¨lo amoroso¨ se expresa también como una cualidad en las relaciones donde coexisten, la generosidad, la compasión, la delicadeza, el crecimiento y apertura con uno mismo y con el otro.</p>



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