¿Qué es el amor para un terapeuta de pareja?
Por: JUDITH GOMEZ DE LEON DEL RIO
Interesante pregunta, que me invita a reflexionar en las diferentes historias expectativas y emociones con las que llegan los consultantes a una primera sesión de terapia de pareja y el interjuego de estas, con las historias de los terapeutas tejidas alrededor de sus propias experiencias “amorosas”.
A lo largo de los años en el trabajo terapéutico, pareciera que la mayor parte de los consultantes llega al consultorio con el gran dolor de experimentar que la relación “amorosa” que en un momento fue una fuente de seguridad, conexión, entusiasmo, estabilidad, reconocimiento, respeto, generosidad y placer, entre otras cosas, ya no solo no responde a ninguna o pocas de estas necesidades, sino que crea un profundo dolor frustración, y en ocasiones angustia en su relación consigo mismo con su pareja , con el mundo.
Ante esta constatación lo que aparece muchas veces a primera instancia es enojo, frustración, desconfianza, sufrimiento, silencio. y algunos otros llegan sorprendidos y confundidos por el conflicto que los invade… “ya no me AMAS” o “cómo? si NOS HEMOS AMADO tanto… y no es suficiente?” otros llegan frustrados de que “el AMOR se haya acabado sin darnos cuenta” otros más furiosos de experimentar “después de todo lo que le he dado.” o “un AMOR no correspondido” con texturas de sufrimiento, reclamos y amenazas ..y casi todos sin entender “cómo llegamos a este lugar tan solitario y doloroso” relacionado con eso que en nuestra sociedad y con cierta ligereza hemos tenido a …bien nombrar AMOR.
Una palabra corta pero grande que dice mucho y poco al mismo tiempo, expresa un sentir, pero también la cualidad de una relación. que en ocasiones se viste de rosa con visos de ternura, adolescencia, ingenuidad y dependencia, demandas de seguridad, certeza… en otras de rojo candente con hilos de erotismo, complicidad, pasión drama y traición, (M. Sheinkman) ideas que la cultura contemporánea se ha hecho cargo de vanalizar explotando las necesidades afectivas en un mundo cada vez más rápido solitario y demandante.
Lo cierto es que en el inicio y a veces a lo largo de un proceso terapéutico con una pareja, hace bien dejar a un lado, el concepto racional y de lugar (aparentemente) común de esa experiencia un mucho idealizada, que atraviesa el sentido de la vida, que aprendimos a llamar “AMOR”.
Por otro lado podríamos decir que para el terapeuta es más útil preguntarse cómo es que se expresa ese “ Amor” en LA RELACIÓN, es decir, la danza entre cercanía y distancia, entre la experiencia de sí mismo y el nosotros, entre el contacto y el aislamiento, entre las similitudes y las diferencias, el conflicto y el reencuentro, la satisfacción y la frustración en una relación…que han llegado a un umbral de conflicto y dolor tal, que llevan (muchas veces sin quererlo) a los miembros de una pareja a consultar a un tercero desconocido a que les ayude a justificar sus enojos desaliento resentimiento y miedo ante lo que amenaza como una ruptura inminente y el enorme dolor que esto trae, y/o a reencontrarse y explorar juntos nuevos lenguajes para recuperar el gusto y el placer de sostener y nutrir una relación tan significativa y central como es la relación de pareja.
Si pensamos que desde la infancia cada uno de nosotros hemos aprendido, a través de las primeras experiencias de vida, a discernir lo que identificamos como “Amor” y l “Desamor” y la ha convertido en VERDADERA, (C. Naranjo) creando un lente con el que se ve a sí mismo y al otro, podríamos pensar que el sentido del trabajo terapéutico con una pareja puede enfocarse a:
A. Acompañar a cada uno de los miembros de una pareja a enfrentarse al dilema de ampliar sus propias historias e incorporar las del otra con la posibilidad de crear una relación dinámica y fluida que proporcione bienestar, que le dé sentido a la relación o plantearse una separación cuidadosa, sensata y “amorosa” aunque dolorosa.
B. Y por otro lado, ayudar a que los diálogos y las reflexiones compartidas en las sesiones activen las posibilidades y la disposición de cada uno a nutrir lo que en la relación se experimenta como amor: confianza, sentido de propósito, enriquecimiento mutuo y un espacio de generosidad y delicadeza donde los miembros de la pareja puedan expresarse, para ampliar y resignificar en la relación.
Por ello, eso que solemos llamar AMOR es un mar abierto de experiencias, expectativas, ondulantes que lo mismo se pueden expresar en armonía y satisfacción que en el trabajo de sostener una danza de diálogos que interpelan y acogen las emociones y voces que llevan a los miembros de una relación a expresar quienes son. Y este no es privativo de las relaciones de pareja, está en todas las relaciones significativas en que los seres humanos danzamos en la vida cotidiana, por ello, ¨lo amoroso¨ se expresa también como una cualidad en las relaciones donde coexisten, la generosidad, la compasión, la delicadeza, el crecimiento y apertura con uno mismo y con el otro.
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