¿Psicoterapia en razón de género? Tres claves para entender la relación género-terapia (TFS)
Por: Mtra. Eréndira Serrano
“Ya sea que el cuchillo caiga sobre el melón o el melón caiga sobre el cuchillo, es el melón el que se corta”.
Si esta reflexión nos parece de alguna forma interesante, es porque apunta a la relevancia de la especificidad en la relación entre género y terapia, en la que ya no basta hablar de complementariedad. El texto ofrece tres claves iniciales para comprender la relación entre género y terapia. Por décadas, la psicoterapia y terapia familiar sistémica trató al género como secreto de familia, lo dio por hecho, reproduciendo y empleando ideas obsoletas de familia moderna de tipo ideal, naturalizando opresiones y ejes de desigualdad, por ende, generando malestar.
1. Noción radical que somos igualmente humanas todas las personas
Según Angela Davis, “el feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”. El influjo del feminismo a la terapia es radical, reconfigura el campo disciplinario. De forma sencilla, se trata de entender cómo el sistema sexo-género, de forma estructural y simbólica, naturaliza ciertas formas de entender a la humanidad y los sistemas familiares, excluyendo las múltiples realidades familiares y relacionales a partir de la hetero-cis-norma patriarcal. Por ejemplo, ¿qué pasa cuando la precarización laboral no permite a los hombres cumplir con el mandato rígido de la masculinidad hegemónica de la provisión, la dominación y el control? ¿Qué ocurre en el caso de las mujeres que dejan de dedicarse exclusivamente al ámbito privado y de cuidados, que se ven incluso ‘coercionadas’ a empoderarse de facto aunque no se habiten desde las libertades ni el bienestar? ¿Cómo se vulneran a los descendientes y menores en estos sistemas familiares, como eslabón más débil? En torno a estas interrogantes empezamos a esbozar primeras pinceladas de los malestares y maltratos que generan estas dinámicas relacionales y que convierten a las familias también en una de las instituciones más violentas de la sociedad, en un país en el que un tercio de hogares están encabezados por mujeres jefas de hogar (no por elección). En el caso de México, son entre 9 y 11 mujeres asesinadas por ser mujeres al día, sobremortalidad de varones asociados a conductas de riesgo -especialmente jóvenes- y somos el segundo país más transfeminicida del globo, primer lugar con mayor índice de violencia sexual y homicida en la infancia y la adolescencia del mundo.
2. Necesidades específicas de atención y sesgos ‘profesionales’
Encarnamos el género, estamos atravesados por sus mandatos, nos humanizamos a partir del género. Ninguna persona es género-neutra. Esto implica que nuestras necesidades de atención psicosocial y la provisión de servicios de salud mental están atravesadas por nuestras formas de comprender y de hacer en razón de género (algunas sutiles y veladas, otras abiertas y descarnadas).
La tradición del pensamiento neopositivo influye en la concepción de la piscología como un campo aséptico, profesional y neutro, aunque a lo largo de la historia observamos múltiples ejemplos de cómo el género ha influido en diagnósticos y formas de tratamiento o invisibilización de tormentos. Concepciones como la histeria ante la rígida moral victoriana, la madre esquizofrenógena de la modernidad con su división sexual del trabajo, las terapias de conversión para población de diversidad sexual o la preponderancia de diagnósticos de trastornos alimentarios o límite de personalidad en mujeres y de narcisismo en hombres en la modernidad tardía.
Lo indispensable es comprender aquí que las manifestaciones de la personalidad en las relaciones cotidianas no son género neutras. Por ejemplo, en el trastorno límite de personalidad que erróneamente se toma como padecimiento de mujeres dado que ellas son más propensas a manifestar miedo al abandono, codependencia, inestabilidad y comportamientos polarizados, en tanto ellos se sub-diagnostican y cuentan con menos recursos clínicos ya que expresan más agresividad desbordada, abuso de sustancias y comportamientos autolesivos, mismos que s normalizan como expresiones de masculinidad hegemónica.
3. Tratamiento con terapeuta mujer/hombre
Tercero, la figura terapéutica (como persona o equipo, en su formación y su postura ética) tampoco son género neutras. La clave fundamental en la co-construcción de un sistema terapéutico es una buena alianza terapéutica, tener confianza y apertura. El rapport, además de la formación profesional y la experiencia de la persona o equipo terapéutico, así como los estilos terapéuticos, son la base en la construcción de un diálogo y una relación segura y profesional. Se tornan explícitos en el contrato terapéutico. De la misma forma, la clave para una terapia con una comprensión más completa, es articular la coherencia sistémica a nivel meta. El tejer elementos que permitan ir desde el cuerpo -la dimensión encarnada del género-, hasta el cómo está quién con quién, aspectos dialógicos y narrativos, con qué tiene que ver el mundo de acciones y significados familiar transgeneracional y culturalmente. Por ende, saber que la sensibilidad de género es importante, aunque la formación y postura explícita en razón de género es indispensable, es una clave importante en el salto cuántico que permite transitar de la descripción a la deconstrucción y transformación en la terapia. ¿Qué mensajes y formas se transmiten, se reproducen, se refuerzan o se cuestionan a partir de las intervenciones? ¿Se tejen alternativas a los mandatos de malestar y maltrato hetero-cis-sexistas? De lo dicho y de lo ausente pero implícito. Dado que los mandatos tóxicos de género se pueden cuestionar, deconstruir y transformar, hacer explícito al género dota a la terapia de su potencial político, ético y estético más fundamental.
Bibliografía
Goodrich, Thelma Jean; Rampage, Cheryl; Ellman, Barbara; Halstead, Kris, 1989, Terapia Familiar Feminista (Paidós, Ciudad de México).
Walters, Marianne; Carter, Betty; Papp, Peggy; Silverstein, Olga, 1988, La red invisible: Pautas vinculadas al género en las relaciones familiares (Paidós: Ciudad de México).
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