El suicidio desde una mirada basada en la complejidad
Por: Javier Vicencio G.
Hablar del suicidio exige mirarlo más allá de simplificaciones. No se trata únicamente de una decisión personal ni puede reducirse a un episodio depresivo, aunque la depresión esté presente en muchos casos. Desde una perspectiva compleja, el suicidio puede entenderse como una transición vital en la que los recursos personales y relacionales para afrontar las dificultades de la vida resultan insuficientes, y la persona no encuentra alternativas para dar un paso hacia adelante.
Entre la filosofía y lo social
Si bien filósofos existencialistas como Albert Camus o Jean Paul Sartre consideraron el suicidio como un acto extremo de libertad frente al sinsentido de la vida, también es necesario mirarlo desde lo social. Ya en el siglo XIX, Émile Durkheim introdujo el concepto de anomia para describir cómo la falta de normas, las crisis económicas y los rápidos cambios sociales pueden generar pérdida de cohesión y de sentido, favoreciendo la aparición del suicidio.
Ambas perspectivas, la existencial y la sociológica muestran desde el inicio que se trata de un fenómeno profundamente humano y complejo, imposible de reducir a una sola causa. Incluso la dimensión religiosa, con la culpa que suele generar en los sobrevivientes y familiares, juega un papel en la experiencia de quienes rodean al intento o consumación del suicidio.
Causas frecuentes y diferencias de género
De acuerdo con datos del INEGI en 1999, las causas más frecuentes asociadas al suicidio fueron los conflictos familiares, de pareja y las enfermedades graves. Una cuarta causa diferenció a hombres y mujeres: en ellos predominaban las dificultades económicas, mientras que en ellas se asociaba con mayor frecuencia a problemas de salud mental. Hoy en día, sabemos que la violencia de género constituye también un factor predisponente que no puede pasarse por alto.
De Freud a la perspectiva sistémica
Sigmund Freud vinculó inicialmente los impulsos suicidas a sentimientos de culpa generados por el superyó: el deseo inconsciente de que otro muera se vuelve contra uno mismo. Décadas más tarde, enfoques sistémicos como el de Diana Sullivan Everstine, en el Servicio de Intervención en Crisis del MRI, ampliaron esta mirada. Su propuesta de posvención buscaba no sólo atender el intento de suicidio, sino prevenir recurrencias a través de la comprensión del mensaje implícito en el acto.
Desde esta visión, el suicidio o intento de suicidio se dirige habitualmente a otra persona significativa, una pareja, un grupo de pertenencia o la familia con el propósito de comunicar algo que no ha encontrado otra vía de expresión. El impacto que recibe el destinatario de este “mensaje” puede provocar una profunda reflexión, aunque también dejarlo marcado como un “sobreviviente simbólico”.
Intervenciones tempranas: una oportunidad crucial
La experiencia de los servicios de intervención en crisis muestra que las acciones inmediatas son más eficaces que el internamiento prolongado. Se recomienda que, tras la estabilización médica, entre las 24 y 72 horas siguientes se realicen evaluaciones individuales y familiares. Estas permiten descartar cuadros psiquiátricos graves, pero también conocer el contexto emocional, identificar a quién estaba dirigido el acto y abrir un espacio de diálogo relacional.
Este tipo de intervenciones tempranas han demostrado ser más útiles que el internamiento de varias semanas, que suele derivar en diagnósticos reduccionistas de depresión y en tratamientos prolongados con fármacos, lo que puede conducir a la cronificación. Además, la hospitalización intensifica la ansiedad de las familias, que se reactiva con fuerza al egreso si no se ha trabajado con una visión integral de la dinámica familiar y comunitaria.
Una mirada sistémica al suicidio
En CRISOL hemos implementado un servicio de atención terapéutica postcrisis que busca precisamente intervenir en los mecanismos relacionales que permanecen después del intento suicida. Este servicio de atención terapéutica está disponible de lunes a viernes de 9 a 14 hrs. al teléfono 55 39 27 73 67. Atn. Erendira Carcaño.
Nuestra experiencia confirma que las entrevistas tempranas, realizadas en un clima de solidaridad y no de rechazo, son fundamentales para fomentar la empatía y la compañía hacia quien ha intentado quitarse la vida, pues muchas veces lo ha hecho en escenarios de aislamiento y soledad.
Frecuentemente, el suicidio se relaciona con experiencias de pérdida de pertenencia: a una pareja, a un grupo de trabajo, a un círculo de amistades o incluso a una comunidad escolar en el caso de los adolescentes. En estos últimos, la exclusión social, la competencia entre pares, los celos y el consumo de sustancias como rito de pertenencia aumentan la vulnerabilidad.
Por ello, los conflictos familiares y de pareja, así como las dificultades económicas o las crisis de futuro en los jóvenes, deben entenderse no sólo como problemas individuales, sino como expresiones de sistemas de relación que requieren atención.
Conclusión
El suicidio no puede comprenderse únicamente desde la depresión o la psiquiatría. Es un fenómeno complejo que involucra dimensiones filosóficas, sociales, emocionales y relacionales. Reconocer su multicausalidad nos permite construir intervenciones más humanas, cercanas y eficaces, en las que la familia y los grupos de pertenencia juegan un papel esencial.
Una pregunta sugerida por J. C. Oualid puede abrir el camino terapéutico: “¿Por qué ha querido usted morir?”. No se trata de buscar una causa única, sino de explorar un entramado de significados que, al ser compartidos, pueden transformarse en posibilidades de vida.
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