El diálogo que cura: polifonía, cuerpo y relaciones en tiempos delirantes
Por: Juan Antonio Zorrilla
El taller impartido el fin de semana pasado, por Jaakko Seikkula con motivo de la presentación de su nuevo libro “El diálogo que cura”, fue un mensaje directo a las prácticas de la psiquiatría modernista, aquella que puso a la esquizofrenia como un objeto clínico aislado, descontextualizado, bajo el peso de un diagnóstico, atendido a través de la farmacoterapia y sin la posibilidad de un diálogo.
Desde la perspectiva del Diálogo Abierto, la psicosis no es una falla en el yo del individuo, ni una enfermedad endógena relacionada con el funcionamiento del cerebro, sino un evento relacional, una desconexión del diálogo de la persona con el mundo y con su momento histórico, familiar, social y político. Nombrar la esquizofrenia no implica fijarla como una identidad, sino abrirla al encuentro, devolverle su condición de experiencia humana suigéneris que necesita sobre todo ser escuchada.
La esquizofrenia una gran área de oportunidad para la psiquiatría contemporánea
Uno de los puntos más relevantes del taller fue la crítica a la forma en que la psiquiatría ha tratado la esquizofrenia desde la posición del experto. El manual DSM clasifica y recomienda los fármacos que pretenden estabilizar los síntomas. Sin embargo, la voz de la persona consultante queda silenciada y convertida en síntoma, ruido o un muy buen armado delirio.
Seikkula propone estar en una diferente posición: en lugar de reducir la psicosis a un trastorno del pensamiento, busca entenderla como una crisis del diálogo, en el cual una multiplicidad de voces no han encontrado un lugar donde expresarse sin ser anuladas. El delirio no es un error en los tipos lógicos, sino una narrativa que emerge cuando el diálogo se ha cerrado.
Psicosis, emociones y cuerpo: el diálogo encarnado o corporeizado
Para Seikkula, el diálogo que cura no es únicamente significado, sino cuerpo y emoción. El terapeuta no interviene solo con palabras, sino con su presencia, su tono de voz, el ritmo de su respiración y sus silencios.
En el trabajo con la psicosis no se trata de interpretar ni corregir el diálogo, el terapeuta no responde desde el saber, sino desde la presencia, las emociones y el cuerpo. Cuando se presentan estas situaciones, el diálogo se convierte en un evento poético ,en el cual las palabras se engarzan entre cliente y consultante.
El taller dejó claro que dialogar con la psicosis es resistir a la incertidumbre, donde la persona que consulta no es reducida a un diagnóstico y donde la esquizofrenia deja de ser un camino cerrado para convertirse en una experiencia transformable en relación.
Dialogar no es una técnica más dentro del paraguas sistémica, sino que apunta a una postura ética y política.
En tiempos donde la salud mental es cada vez más medicalizada y mercantilizada, dialogar es más un acto de resistencia que nos indica que para el cambio no hay que intervenir al sistema, sino estar, escuchar y permitir que la polifonía humana se despliegue sin ser colonizada por una sola voz.
Me quedo con algunas preguntas
¿Corre el Diálogo Abierto el riesgo de soslayar la parte biológica de la psicosis al privilegiar excesivamente el lenguaje?
¿Es el Diálogo Abierto un modelo aplicable a nuestro modelo de salud mental y contexto mexicano?
¿Cuáles son los puntos ciegos que no alcanza a ver la postura del diálogo y cuál es su posición crítica sobre si mismo?
No Comments