Moral y Salud Mental
Por Mtro. Mario Bejos
Algunos terapeutas me derivan algunos casos relacionados con el consumo de sustancias tóxicas, mal llamadas adicciones. Les cuestiono del por qué no los atienden ellos mismos, me dicen que no saben de adicciones. Yo hago psicoterapia y después de escuchar la petición de los pacientes en búsqueda de orientación, lo que hago es quitarle el reflector a la carga dramática puesta en el binomio droga-consumidor. La labor consiste en explorar qué enmascara la sustancia elegida persistente en el consumo, mientras la familia tiene prendidas las señales de alarma. No tenemos mucho tiempo. El tipo de tóxico nos llevará a una hipótesis diagnóstica, la droga no es el enemigo. Los conceptos como: droga, adicción, abstinencia, sobriedad, recaída, etc., están muy asociadas a dicho drama y a la nota roja. Sin embargo, todos hacemos uso de “venenos” sean líquidos, sólidos o gaseosos, legales o no, con distintos fines. No existe una personalidad adictiva, ni se hereda.
Las familias vienen con una narrativa condenatoria y esperan que los terapeutas estemos de acuerdo para someter a quien no actúa en correspondencia a sus súplicas, reclamos y desvelos. Lo contrario, el “adicto” se resiente, se vuelve más clandestino y se alía más a su “prótesis emocional”. Algo anda mal.
Estamos comprometidos en revisar nuestros propios conceptos culturales que predominan sobre las drogas y sus usuarios, esto con la finalidad de evitar caer en una homeostasis. Parece que las familias se sienten confundidas, no alcanzan a entender qué le pide el “adicto” a la sustancia que ellos no saben ofrecer. Ese efímero refugio para el consumidor habitual, parece eternizarse y a pesar de estar teniendo consecuencias en distintas áreas, permite el autoengaño. Más allá de la frecuencia o la cantidad, es nuestro referente evaluar cuáles son las consecuencias en más de tres áreas de la vida, sea en la salud física, emocional, en lo económico, lo laboral, relacional, en la cognición, etc. Paradójicamente, al presionar para que el “adicto” abandone dicho hábito, los familiares se vuelven proveedores involuntarios de ansiedad que el consumidor quiere maquillar. En la idea común de abstinencia como único remedio, recurren a amenazar con encierros que no resuelven el problema, porque saliendo el “recuperado” hay que cuidar ahora que no recaiga. O sea, se trata de la misma Serie, pero en su nueva Temporada.
Los conceptos adquiridos en este rubro, se caracterizan por la evaluación negativa de los consumidores, tales como: huir, evadir o escapar de la realidad, al terapeuta le distraen, porque eso es moral y asociado a una cobardía para asumir la realidad. Aunque sabemos que la droga siempre implica un riesgo entre el margen del uso y abuso, conviene averiguar qué sostiene el consumo habitual o compulsivo, eso permitirá la exploración de su presencia a pesar del daño producido, el remedio le da una especie de “servicio” al tapar un duelo, un trauma, una depresión, o una serie de abusos no meta comunicados en familia, se cae en la A-DICCIÓN.
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