Reflexiones migrantes
Por: Lucía Palma Narváez, Terapeuta familiar y Pediatra
Las personas migramos por diferentes motivos, tenemos historias particulares y a veces casualidades que nos llevan a buscar lejos del lugar de origen.
Este movimiento está atravesado por duelos que ha descrito Joseba Achotegui, uno de los psiquiatras que más ha estudiado sobre la materia. En esta búsqueda en lontananza adolecemos de lo siguiente: de la familia y los seres queridos, de la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el grupo de pertenencia y los riesgos físicos. Cada una de estas palabras merece una exposición aparte, sin embargo aportaré desde mi experiencia personal con tres ejemplos que tratan otros temas que nos interpelan:
- Mi estancia estaba planeada para ser relativamente sencilla, hasta que tuve problemas administrativos que casi ponen en riesgo mi proyecto vital. Además de los duelos mencionados, estamos expuestos en mayor o menor medida a la burocracia, los fallos del sistema y la discriminación del Estado al que llegamos. Desafortunadamente, el mundo vive momentos de radicalización política que contextualizan el migrar. En primer lugar, es importante buscar apoyo legal, y en el campo de la terapia, validar y acompañar el miedo, la sensación de injusticia y la soledad.
- Mi terapia ha sido un espacio de acompañamiento y reflexión prioritario. Recuerdo una sesión en la que hablaba de las actividades y personas que me apasionaban y con las que me identificaba en México. Dije algo que empezaba así: “como mujer migrante…”, entonces mi terapeuta respondió con una pregunta curiosa que me hacía explorar más identidades, fue así que aparecieron La mujer, La migrante, La latina, La trabajadora, La feminista, etc. Nombrarme me ayudó a tener una brújula flexible y digna para habitar nuevamente mi cuerpo, sacando de la maleta lo aprendido en mi país, partes de mi que estaban presentes pero olvidadas en la vorágine de construir otra vida. También me ayudó a ser consciente de la responsabilidad que tengo en proveerme de un espacio relacional alineado a mi misma.
- Hace poco tuve una llamada de Whats con mi hermana, también migrante, para conversar sobre una situación difícil y nos hizo darnos cuenta de las estrategias de adaptación a las que recurrimos para poder pertenecer, las cuales tienen su función en determinado momento pero pueden tener un alto costo a largo plazo. Para pertenecer sacrifiqué las partes más reivindicativas y agresivas de mi, aquellas que como mujer crecí escuchando que no eran correctas. El género también atraviesa esta conversación y sin llegar a aquello de “la soledad es el precio de ser uno mismo” de Silvio Rodríguez, los reacomodos relacionales son incómodos y necesarios.
Migrar es una búsqueda agridulce, llena de pérdidas y ganancias, de maravillas, de desconciertos, de descubrimientos y de tiempos verbales que se sobreponen como un palimpsesto.
Recomiendo y deseo para quienes migran que esa aventura sea siempre en buena compañía.
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