Maternidades reales: una mirada sistémica más allá de la idealización
Hablar del Día de las Madres implica mucho más que hablar de celebración. En la cultura mexicana, la figura materna ocupa un lugar profundamente simbólico: suele verse como el sostén emocional, moral y afectivo de la familia. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar a las mujeres detrás de esa idealización.
Desde una mirada sistémica, la maternidad no depende únicamente del deseo individual. Está atravesada por la historia familiar, las creencias culturales, las expectativas sociales, la economía y las ideas que cada mujer construye sobre sí misma. La sociedad comunica constantemente cómo “debería” ser una buena madre, generando presiones difíciles de sostener.
En el consultorio, la maternidad rara vez aparece romantizada. Aparece humana, cansada, contradictoria y vulnerable. Ahí es donde la terapia permite mirar más allá del estereotipo y encontrarnos con maternidades reales.
Por ejemplo, una mujer exitosa profesionalmente vivió el nacimiento de su hijo con una enorme presión respecto a la lactancia. Tras múltiples intentos y estudios médicos, descubrió que físicamente no podía amamantar como esperaba. En terapia logró resignificar aquello que vivía como fracaso y comprender que la maternidad no depende de cumplir ideales imposibles, sino de la capacidad de cuidar, sostener y acompañar desde la realidad posible.
Otra mujer llegó a consulta enfrentando ansiedad porque su bebé no dormía y sentía que no estaba siendo “la madre correcta”. Más que las críticas externas, la confrontaban sus propias exigencias. La terapia permitió identificar cómo muchas mujeres han aprendido que ser madre implica hacerlo todo perfecto y no equivocarse nunca. Cuando la realidad contradice esa expectativa, aparece la culpa.
También están las mujeres que atraviesan una pérdida perinatal. En estos casos, la maternidad existe incluso en la ausencia. El duelo no solo impacta a la madre, sino también a la pareja y al entorno familiar. Validar ese dolor permite reconocer que el vínculo y el amor materno también pueden existir aun cuando el tiempo compartido haya sido breve.
Durante muchos años predominó en Latinoamérica la imagen de la madre abnegada, dispuesta a sacrificarse por completo por su familia. Sin embargo, esa narrativa también llevó a muchas mujeres a dejar de verse como personas completas, priorizando siempre a los demás por encima de su propia salud física y emocional.
Hoy comenzamos a mirar otras formas de maternar: mujeres que acompañan a sus hijos sin desaparecer ellas mismas en el proceso; mujeres que entienden que cuidar su salud mental también es una forma de cuidado hacia sus hijos. También reconocemos que maternar no es exclusivo de las madres biológicas: tías, abuelas, madrinas y otras figuras afectivas también sostienen y acompañan emocionalmente.
Quizá uno de los mayores retos de la maternidad es que confronta profundamente a quien la vive. Ser madre implica encontrarse con los propios miedos, heridas y expectativas, al tiempo que se construyen nuevas maneras de vincularse.
Por eso, este Día de las Madres puede ser también una oportunidad para humanizar la maternidad: dejar de exigir perfección y comenzar a validar procesos reales. No existe una única manera correcta de ser madre; cada experiencia está atravesada por circunstancias únicas. Tal vez el mayor acto de amor hacia las madres consista en permitirles ser humanas.
Artículo elaborado por: Psic. Paula Catalina Pérez Carrillo
* Salvador Minuchin (1974). Familias y terapia familiar.
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