Cuando la navidad confirma la exclusión
Por: Jorge Pérez Alarcón/ María R. Ortega Cortez
Más allá de los diferentes significados de la Navidad, y del valor que estos puedan adquirir, priva en nuestra cultura una idea hegemónica que crea una realidad muy lejana, a veces imposible para muchas personas y sus familias. Esta idea habla de la navidad como sinónimo de felicidad, armonía y convivencia familiar en un ambiente de regalos, comidas y cenas compartidas, envuelto en un ambiente de luces y colores.
Muchas personas pueden sentirse fracasadas por no alcanzar ese mundo idealizado. Sin embargo, para quienes han vivido en situación de calle, residen en un Centro de Asistencia y enfrentan un trastorno mental severo, acceder a esa realidad construida socialmente resulta inalcanzable. Para estas personas, sus efectos implican una ruptura con la realidad y la confirmación de su exclusión, que los lleva a refugiarse en sus mundos delirantes.
La navidad reactiva antiguas experiencias, y en ellas también van incluidas las de abandono, aislamiento y soledad. Para quien ha sido arrojado a la calle y se ha refugiado en un saber delirante, los recuerdos, son verdaderas confirmaciones de su condición de excluidos. Si el mundo es inaccesible para ellos, el mundo navideño es una realidad imposible, más delirante que sus propios delirios. Para ellos el contacto con la realidad se reduce a expectativas que no se alcanzan, encuentros y regalos que nunca llegan, nostalgias que los hunden más y más en el vacío.
El problema, por más extraño que parezca, no deriva de su condición de salud mental, ni siquiera su condición de calle o de un precepto religioso que imponga una forma de vivir la Navidad. El enemigo real es la construcción social de esa idea de felicidad y abundancia en la que en mayor o menor medida cada uno de nosotros participamos.
Por ello, es necesario adoptar una perspectiva diferente que ayude a disminuir la distancia entre las creencias predominantes sobre la navidad y lo que viven quienes no tienen hogar, familia ni oportunidades de compartir con otras personas. Las pequeñas acciones importan: nombrar sin estereotipos, mirar a un sujeto con su propia subjetividad y reconocer nuestro privilegio sin caer en el asistencialismo que oculta desigualdades.
Quienes trabajamos con estas poblaciones, sabemos que más que un festejo es una época difícil en la que reaparecen las crisis. Primero viene toda la euforia de la esperada época donde algo les tocará, luego el vacío y finalmente el refugio en su mundo delirante.
El frio cala, y en unas semanas todos, los que se encontraron en su interior y los que se perdieron en su exterior, regresaran a la extraña normalidad.
No Comments