Terapia Familiar y Terapias Sistémicas: Una Evolución en la Comprensión de la Salud Mental
Por el Dr. Javier Vicencio
Este año, la Asociación Británica de Terapia Familiar fundada en 1975 ha tomado una decisión histórica: cambiar su nombre para incorporar explícitamente a las terapias sistémicas. Esta modificación responde a un reconocimiento cada vez mayor de que muchas formas de intervención comparten un enfoque relacional en la comprensión y tratamiento de los problemas de salud mental.
La inclusión de las terapias de pareja, individuales y comunitarias dentro del paraguas de los enfoques sistémicos refleja una evolución significativa del campo. A 50 años de su fundación, esta ampliación teórica y práctica responde a la diversidad de escenarios en los que las personas hoy buscan ayuda, así como a los múltiples sistemas de relaciones que influyen en su bienestar.
En sus inicios, la terapia familiar se enfocaba en la familia nuclear conviviente. Se sostenía que, para lograr cambios efectivos desde el comienzo, era fundamental que todos los miembros estuvieran presentes desde la primera sesión. Sin embargo, este enfoque no era compartido por todos los modelos contemporáneos. Por ejemplo, el Mental Research Institute (MRI) defendía que bastaba con trabajar con la persona más motivada a consultar, desarrollando estrategias que, indirectamente, impulsaran transformaciones en todo el sistema familiar.
Con el tiempo, surgieron cuestionamientos sobre qué se entendía por “familia” en estos contextos. El modelo tradicional patriarcal, nuclear y culturalmente homogéneo fue puesto en duda, especialmente al evidenciar su limitada aplicación en contextos culturalmente diversos y en comunidades históricamente marginadas. Así se fue ampliando la visión hacia una práctica más inclusiva y adaptada a distintas realidades sociales.
Hoy, el término “terapias familiares” se utiliza de manera más amplia, abarcando la atención clínica de parejas convivientes o no unidas por un vínculo afectivo profundo, así como a individuos que presentan síntomas como ansiedad, depresión o trastornos psicosomáticos. Muchas veces, estas personas han sido diagnosticadas y medicadas durante largos períodos, sin considerar que el origen de su malestar podría estar en dinámicas personales, familiares, laborales o vinculares.
En definitiva, cualquier persona, en tanto sujeto social y relacional, forma parte de un entramado que merece ser explorado en profundidad. Este enfoque permite comprender de forma más integral las problemáticas y trabajar colaborativamente con el terapeuta en la búsqueda de soluciones.
Desde esta perspectiva, la atención terapéutica ofrecida por Crisol está dirigida a familias con hijos pequeños o adolescentes, parejas en crisis, y personas que enfrentan problemas emocionales, de adicción o cuadros psiquiátricos. Todo ello bajo un modelo de intervención breve, eficaz y centrado en los desafíos de la vida contemporánea.
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