El modelo de Crisol en la actualidad
Hace más de veinte años escribí un artículo titulado “Érase una vez una hipótesis”, el cual fue publicado en diversas revistas internacionales.
Con un matiz irónico, en aquel texto planteaba los retos que enfrentábamos los terapeutas sistémicos reflexivos al formular hipótesis de trabajo basadas únicamente en la información previa a la primera consulta. Esta práctica, lejos de favorecer un vínculo colaborativo, podía limitar la construcción conjunta de sentido, inhibiendo el poder transformador del diálogo y las preguntas compartidas.
Desde entonces, más que abandonar las hipótesis, propuse resignificarlas como herramientas valiosas dentro del ejercicio terapéutico sistémico, siempre y cuando su formulación respondiera a un proceso estructurado de construcción de información, es decir, a un andamiaje relacional que se configurara paso a paso, en el marco de la interacción clínica.
Este enfoque implicaba realizar distinciones de niveles teóricos y prácticos, inspiradas en la teoría de la complejidad de Edgar Morin y en el análisis de la reflexión en la acción propuesto por Donald Schön.
Años después, el reconocimiento de la influencia de los discursos culturales dominantes en la configuración del sujeto social a través de la narrativa y la crítica social nos permitió comprender la terapia relacional sistémica como un movimiento ético-político, dinámico y en permanente transformación.

Actualmente, en Crisol preferimos describir nuestro enfoque de formación como un caleidoscopio conceptual, compuesto por una serie de mapas que orientan la práctica del terapeuta sistémico que formamos. Estos mapas no responden a un modelo cerrado, sino que se despliegan y resignifican en la praxis clínica, docente y de investigación con familias, parejas e individuos que enfrentan problemáticas vinculadas a la salud mental.
Este caleidoscopio, que adopta la forma de un fractal en constante movimiento, nos aleja de cualquier rigidez metodológica. En lugar de adherirnos a un único modelo, optamos por guiar a nuestros terapeutas en la exploración compartida de territorios relacionales, en los que el sentido emerge y se transforma a través del diálogo y la construcción conjunta de significados.

Dr. Javier Vicencio
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